Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Comentarios del Evangelio. El fariseo es insidioso

El fariseo es insidioso


EL FARISEO ES INSIDIOSO
 
Jesús va a casa de uno de los “jefes” de los fariseos. Que fuerte. “Lo estaban acechando” (Lc 14,1) Delante tiene a un hombre “hidrópico”, que es algo relacionado con la retención de líquidos y da apariencia de obesidad mórbida. “¿Quién de vosotros si su hijo o su buey cae a un pozo no lo saca inmediatamente, aunque sea sábado?”  (Lc 14,5) Digo yo que, aunque uno sea gordito, valdrá más que un buey. “Y no pudieron responderle” Vamos, que no quisieron.

Y es que el fariseo es siempre insidioso. Pues mira: (10) “Cuando seas invitado, ponte el último puesto” y  (12) “No invites a tus amigos”. Imagino la cara de los fariseos que no eran nunca últimos y se hacían amigos entre ellos. La razón de Jesús es clara: “quedas pagado” Más bien serás dichoso cuando (14)“no puedan pagarte”. Eso es verdad “los pobres, los inválidos, los cojos y los ciegos” y yo estamos dichosos con Jesús porque no podemos pagarle. Y además nos parece muy bien que nos toque la lotería de ser los últimos. Nos parece perfecto. Y para confirmarlo Jesús nos cuenta la parábola del gran banquete.
 
Un amo “invitó a muchos” (Lc 14,15) pero ellos se iban excusando. Que si un campo, que si los bueyes, que si una boda. Así que el amo se indigna y “ninguno de los invitados probará mi banquete”. En cambio, dice a su criado: “sal de prisa a las plazas y calles de la ciudad” y “trae a los pobres y a los inválidos, a los ciegos y a los cojos y a todos los que no pueden pagar”.
El amo está irritado con los que pueden pagar y contento con los que no pueden. Y, por último, un aviso para navegantes. Pensadlo bien. “Si uno viene a mí y no deja a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, hermanos y hermanas, y aun su propia vida, no puede ser discípulo mío”. Es literal, no un modo de hablar. Si estás contento de que te inviten gratis al banquete del Reino y te alegra ser discípulo de un amo tan generoso, debes cambiar tu modo de pensar radicalmente, es decir, convertirte del modo de pensar de compra venta en la que los fariseos eran superlativos. Y seguían escuchando atónitos, supongo. No es para menos.

Así que, si “quieres construir esta torre”, primero calcula los gastos. Quien avisa no es traidor. No sea “que empieces a construir y no puedas terminar”. Y si empiezas una guerra, mira de poder terminarla, sino mejor manda “una embajada de paz”. No te metas en este berenjenal sin conocer las consecuencias. Jesús no habla de metáforas. Esto es lo que pensaban los fariseos mientras les espeta en la cara que ellos eran de los muchos invitados con cientos de excusas. “El que de vosotros no renuncie” no puede ser discípulo. A este convite no llegan los listos, ni hay atajos. Sería igual que pensar que cuando la sal “sosea” se pueda sazonar ella misma. Esto es imposible. Cuando la sal se vuelve sosa se tira (35).

La lógica del fariseo es insidiosa y nada gratificante. La de Jesús no. “Hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta." Los fariseos tomaron nota del discurso del banquete del convidado y andaban murmurando y lo criticaban: “Éste acoge a los pecadores y come con ellos”. Jesús no se echa atrás. “¿Quién de vosotros, si tiene cien ovejas y pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la perdida hasta que la encuentra?” Pues depende. Si eres de las noventa y nueve no creo que te importe de que vayan a buscar la perdida. La cosa cambia mucho si tú eres la perdida porque entonces seguro que levantas la mano y respondes: ¡yo! Pero ahí nadie levantó la mano.

Otra intentona. A ver si escuchan esta vez. “¿Qué mujer que tenga diez monedas, si pierde una, no enciende una luz y barre la casa y busca cuidadosamente hasta encontrarla?” Pues, también depende. Ha dicho una mujer que tenga diez monedas no que únicamente tenga diez monedas. Si yo tuviera muchas más creo que no la buscaría, pero si fueran las únicas que me quedaban creo que sí la buscaría.  Pues eso. Pero creo que eso es lo que pensaban los pecadores que se acercaban y lo otro lo que pensarían los fariseos que seguían haciendo la digestión del banquete de ayer. En el texto está la solución. “¡Alegraos conmigo (pecadores) porque he encontrado MI oveja perdida”, que no es una oveja más sino la mía, dice el Señor! Y también: “He encontrado la moneda que había perdido” no una más de las muchas que tenía sino justamente la perdida, que la encuentro a faltar porque la quiero.

El Padre del hijo pródigo “cuando aún estaba lejos, lo vio, y conmovido, fue corriendo, se echó al cuello de su hijo y lo cubrió de besos” Este lenguaje lo entienden claramente los pecadores y les parece complicado y confuso a aquellos que no necesitan convertirse. “Este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida” y hay que tener mal corazón para no alegrarse. A mí se antoja que los dignos no son preferidos del Señor. Me irrita la hermandad de los pagados. La alegría luce mejor en los pobres y está en dejarse querer, en no poder pagar y saberse invitado. Nadie levantó la mano. ¿y tú? La verdad es que conviene alegrarse.






31/08/2018 09:00:00