Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Comentarios del Evangelio. Escuchar a tiempo


ESCUCHAR A TIEMPO

Uno fue acusado de “malversación de bienes” (Lc 16,1) El amo lo pilla y él, al ver amenazado su futuro, llama a los prestamistas de su amo y les va “perdonando” la deuda, sin ninguna autoridad para hacer semejante fraude. De este modo, piensa que los prestamistas le devolverán el favor más tarde o más temprano. Está claro que el motivo por el que este criado es alabado no es precisamente el fraude sino el hecho de haber actuado con sagacidad ante una situación verdaderamente importante.

Jesús nos anima a hacernos amigos con el dinero injustamente adquirido. Así llama a las cosas de aquí abajo. Es decir, las cosas de aquí no hay que tomarlas demasiado en serio, ya que no son definitivas. No es que haya que robar, pero sería inteligente poner toda nuestra sagacidad en las cosas definitivas mientras haya tiempo. Lo que hay que hacer es espabilar para conseguir los bienes verdaderos, que son los del Reino, ya que hay que elegir entre las cosas de Dios y las del dinero, que tienen lógicas incompatibles. Mira que, si al final de nuestra vida, después de tantos esfuerzos en contabilizar bien los ceros de las cosas perecederas, no hemos atendido las únicas necesarias. Menudo fiasco.

Pues esta ceguera era justamente la del fariseo, tan cumplidor y meticuloso con los asuntos del dinero que olvidaban la misericordia. Estimaban tanto lo “que se estima ante los hombres, que olvidaron las cosas que tienen valor ante Dios”.

Precisamente ser sagaz es no sucumbir a esta ceguera. Vamos a ver: Lo de “la ley y los profetas llega hasta Juan” (16), es decir, hasta que viene Jesús y anuncia el Reino. “Desde entonces” hasta hoy “se anuncia el Reino de Dios”, que es otra cosa, muy distinta y que verdaderamente merece la pena. “Todos los que entran en el Reino” se esfuerzan en espabilar su modo de pensar y lo cambian, porque ya no sirve de nada cumplir toda la ley si no entramos en este Reino. La verdadera conversión no es hacer más cosas buenas, u otras de parecidas sino las que Dios nos pide a través de su Hijo.

Epulón (Lc 16,19) fue un “hombre rico”, pero no se condena por ello sino por no ver al “pobre Lázaro” a su lado. No es la contabilidad de sus bienes y la justicia de este mundo lo que le condena sino la incapacidad de no valorar los bienes del Reino más allá de esta vida. Así que, al morir, él ya “había recibido sus bienes”, los bienes tan justos como inútiles.

Existe una gran brecha entre ambas lógicas, “un gran abismo” que ahora estamos a tiempo de descubrir. Ahora bien, si no escuchamos todo se perderá. Es cruelmente fácil. Simplemente hace falta escuchar. ¡Escuchar la verdad según el juicio de Dios es más inteligente y sagaz que elegir el poder del dinero injusto! Esta elección se mantiene cuando descubres que solo Dios “juzga el corazón”. La misericordia puede ser inútil para el fariseo, pero es la fidelidad que Dios quiere porque “lo que se estima tanto ante los hombres no tiene ningún valor ante Dios”.

Ale pues, a vivir de la liberación de deudas injustas y a ser sagaz para amar sin “cumpli-mientos” ya que el dinero y el poder no son el bien verdadero. Y quien ríe último ríe mejor.






21/09/2018 09:45:00