Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Comentarios del Evangelio. Satanás también cae

Satanás también cae


SATANÁS TAMBIÉN CAE

Maestro mira a mi hijo, el único que tengo. Esta es la petición de aquel hombre bueno: que Jesús le mire. Él en su fe sencilla conoce perfectamente que con esto será suficiente. Y así fue. De repente se pone a gritar. El espíritu maligno lo retuerce. Muy a menudo, el mal nos retuerce por dentro y cuando encontramos personas que no miran con esta sencillez les llamamos gente “de alma retorcida”. Una de las consecuencias de esta doblez de espíritu es el cansancio interior, el tedio. De hecho, aquel muchacho queda extenuado. Hay muchos de nuestros cansancios que provienen de este mal espíritu, porque poner orden en nuestro interior o recuperar la paz de espíritu no es fácil. Si nos fijamos en esta escena vemos que los discípulos lo habían intentado y no habían podido calmar aquel chico. Quien acierta en esta situación es el padre que entiende que los discípulos no pueden.  No es cierto que “puedes todo lo que quieres”. La salvación nos la regala Jesús desde fuera de nosotros mismos. Las medicinas naturales o nuestro propio razonamiento no consiguen poner paz al retorcimiento de alma.

La escena continua. Tráeme a tu hijo y cuando el muchacho se acercaba el demonio lo tiró por tierra y lo retorció violentamente. No es el muchacho el que no quiere acercarse a Jesús. Es el demonio que no le deja. El querer del muchacho está intacto, pero era necesario el poder salvador de Jesús. En nuestra vida pueden existir algunas distancias respecto de Dios que no son del todo queridas por nosotros. Simplemente no podemos evitarlas. Pero únicamente el poder del amor de Jesús podrá resolverlas. Jesús increpa al espíritu impuro y cura el muchacho. Y todos quedaron atónitos y no es para menos. El amor de Jesús es poderoso y consigue con su poder manifestar en nosotros toda “la grandeza de Dios”. Y es que el amor de Dios es más poderoso, grande y fuerte que el mal. Hay una expresión en el evangelio que sorprende mucho. En Lc 10, 17 los setenta y dos regresan alegres hacia Jesús para comentar precisamente su alegría al ver que hasta los demonios se nos someten en tu nombre. Y Jesús les responde: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.

Y es que Satanás también cae.

Los discípulos habían comprobado lo poderoso que es el nombre de Jesús y esto llenaba su corazón de paz, pero esto estaba plenamente previsto en los planes de Jesús, que conoce perfectamente que la lucha se plantea entre Él y el Maligno, aunque el campo de batalla sea nuestro propio corazón. La lucha contra el Maligno es señal de la presencia de Jesús que además quiere conceder el poder sobre las fuerzas del enemigo El poder que tiene Jesús para curar se lo da a los discípulos para que curen en su nombre. Sin que nadie os dañe.

Aun así, lo importante no es que los espíritus se nos sometan, sino que vuestros nombres están escritos en el cielo. El poder que les concede debe ser únicamente un medio para llegar al Padre. Que necio es sospechar que Jesús nos diera tal poder simplemente para gozar de una paz natural, como si se tratara de una mera terapia, o un talento personal que pudiera enorgullecer al que lo tiene. De hecho, cuando encontraron a uno que echaba demonios en tu nombre (Mc 9, 38) Jesús no “se lo prohíbe”, porque lo único que Jesús quiere es vencer nuestro mal. En el centro de nuestra lucha interior por mantener nuestro espíritu en la paz está la clara conciencia del amor de Dios. ¿Qué padre si su hijo le pide un pan, le dará una piedra? Esto sí que es lógico. Nuestro Padre quiere librarnos del mal. Para esto envió a su Hijo y su amor poderoso es capaz de curar todos nuestros retorcimientos interiores. Cuanto más el Padre del cielo dará el Espíritu.
 






22/06/2018 09:00:00