Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Cuerpo, carne y rostro

Análisis de la corporeidad humana


En virtud de la unidad existencial de la persona humana ocurre que tal unidad sustancial humana explica tanto las funciones biológicas como las capacidades superiores. La acción más adecuada a la naturaleza humana consiste en darse los fines y escoger los medios. En los seres humanos, no todo está programado, pero sus objetivos requieren de elección y aprendizaje. Esto se puede decir tanto de los objetivos racionales como de los más fundamentales. Decidimos nuestra profesión o nuestras creencias, pero también decidimos hablar o comer.

En la persona humana el pensamiento es tan radical como lo es la propia biología, ya que incluso satisfacer el instinto requiere la intervención de la razón. Las funciones de la corporeidad humana no surgen únicamente de su estructura biológica, sino sobre todo del hecho de ser un elemento constitutivo de esta realidad unitaria y sustantiva que es la persona humana. Por esta razón, podemos distinguir entre cuerpo y organismo.

El organismo es el soporte biológico de la persona, pero la corporeidad humana es mucho más. La corporeidad humana es al mismo tiempo presencia, rostro y carne. El cuerpo es soma en cuanto modo de hacerse presente en el mundo. El ser humano es un habitante del mundo y con su actividad modifica su entorno para poder sobrevivir. A diferencia de los animales, no se ajusta al ambiente, sino que adapta el ambiente a sus necesidades. Por esto devasta bosques, construye carreteras, instala luces y teléfono.

La persona no pasa por el mundo, sino que sigue ahí, lo habita. Habitar significa estar en un lugar poseyéndolo, teniéndolo. El único habitante del mundo es la persona humana, porque el hecho de habitar un lugar implica modificar el ambiente. Hablamos del "mundo humano" o de "mi" mundo o "su" mundo para indicar la maraña de relaciones que las cosas tienen con nosotros. Podemos cambiar el entorno físico, transformándolo en un "lugar" de relaciones humanas, por lo que sería más correcto decir que el mundo existe en la persona y no tanto ella existe en un mundo objetivo. El derecho de propiedad, la libertad de residencia o de la circulación, la distribución de los bienes de la economía, la cultura como conjunto de manifestaciones humanas o el orden político son realidades íntimamente relacionadas con la condición de la persona humana como habitante del mundo.

La casa es el conjunto de todos los instrumentos; es el lugar donde existe un garaje, armarios, biblioteca, etc. Pero estas herramientas no las consideramos de forma aislada, sino que forman un plexo de referencia, un lugar humano. La casa es más que la vivienda en sus dimensiones físicas. La casa es la habitación propia; es el lugar de nuestros orígenes, es el país en el que hemos crecido. "Volver a casa” significa mucho más que volver a un lugar geográfico. La casa forma parte de nuestra intimidad. Es el lugar propio de nuestros recuerdos, de las confidencias y de la amistad. En casa nos sentimos bien porque todo nos es familiar. La casa es el lugar de la intimidad familiar, de la identidad original de la propia familia. La casa es también el lugar en el que residen los seres queridos o débiles, los niños y los ancianos. En este sentido, toda persona debe tener un hogar.

El cuerpo es además rostro, es decir, instrumento de relaciones intersubjetivas, de modo que reír, llorar o acariciar son acciones que nos hacen interlocutores de un mundo humano. Por último, el cuerpo es también carne, es decir, poder de transformación del mundo y elemento de limitación propia, ya que el cuerpo hace posible el hecho de que el hombre tenga cosas. El trabajo humano y el progreso de la técnica como actividad de dominio y apropiación del ambiente no son más que una extensión de la función corporal por el cual la persona está en el mundo. La parte esencial de cualquier instrumento es su función.

Una herramienta es "algo que se usa para", como el martillo sirve para clavar clavos, pero la herramienta también tiene una referencia intrínseca en relación con aquel que la posee, como el guante es para la mano o las gafas son para los ojos. El cuerpo puede atribuirse cosas tales como zapatos, guantes, gafas. Y el carácter indeterminado, no especializado del cuerpo es lo que nos permite tal asignación. Si tuviéramos uñas, pico y plumas en vez de las manos, la boca o piel, no nos vestiríamos o no usaríamos guantes o gafas. Poseemos corporalmente cosas porque nuestro cuerpo está morfológicamente preparado para ello. La cosa poseída es medida por el cuerpo que a su vez es la medida de las cosas que la persona posee. Por esta razón, las cosas deben tener una medida humana, deben ser proporcionales a nuestro cuerpo. La aparición de herramientas es una manifestación de la conducta inteligente.

A menudo se dice que algunos animales, con inteligencia práctica desarrollada, son capaces de construirse herramientas para acciones concretas. La diferencia radica en el hecho de que una lanza no sirve para cazar este búfalo, sino cualquier búfalo. Sólo en los hogares humanos existe una caja de herramientas. El ser llega al cuerpo a través del alma,; el cuerpo está destinado a servir, desde un punto de vista biológico y funcional, a la racionalidad, y por esta razón no está especializado. Es un sistema en el que todos los elementos están funcionalmente relacionados entre sí para llevar a cabo las tareas que no son orgánicas. Toda su estructura, desde el bipedismo hasta la posición libre de las manos, pasando por la posición erecta o la posición frontal de los ojos, y el peculiar proceso de desarrollo del cerebro, implica una innovación radical del proceso evolutivo.

Las manos humanas son una herramienta no específica, es decir, son un instrumento de instrumentos y de lenguajes. La mano del hombre no es tan resistente como una pezuña o tan fuerte como una garra, porque no está hecha exclusivamente para correr o agarrar algo. No tiene una función biológica específica, ya que debe permanecer completamente abierta a múltiples significados y lenguajes humanos; con ella podemos expresar amistad, ternura, agresión o miedo. Lo mismo sucede con la voz humana. La voz es algo más que un simple sonido, es un sonido articulado que requiere órganos especiales, que permiten proporcionar al sonido un significado simbólico o convencional. El cuerpo humano tiene un peculiar carácter personal, de modo que mientras que el vestido es algo extrínseco a nosotros, el cuerpo es intrínseco. La persona es humana en cuanto que está encarnada y el cuerpo humano es tal porque está animado por el espíritu.

En definitiva, el hombre es cuerpo inteligente e inteligencia hecha cuerpo. La corporalidad es el modo en que la persona se hace presente en el mundo y en el tiempo. El cuerpo es la manifestación dinámica de la persona, y por ello educamos nuestros movimientos corporales, como conducir un coche o tocar la guitarra. El hombre como persona es dueña de sí mismo, y una de las concreciones de esta experiencia radical es la sensación de gobernar nuestro propio cuerpo. Esto nos lleva a experimentar que somos algo más que nuestro propio cuerpo y, por otro lado, no somos capaces de modificarlo sustancialmente ni podemos disponer de él como si fuera una cosa, ya que posee la dignidad que tiene la persona entera.






20/11/2014 09:00:00