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Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
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Dionisio Aeropagita, un platónico cristiano

Los límites de nuestro conocimiento


En un coloquio mantenido en Constantinopla el año 533 sobre la correcta interpretación de los dogmas cristológicos, un grupo de monofisitas había aducido un conjunto de escritos atribuidos a Dionisio Aeropagita, uno de los pocos convertidos por San Pablo cuando éste estuvo en Atenas. Aunque los partidarios de la ortodoxia de Calcedonia cuestionaron entonces su autoridad, lo cierto es que poco a poco sus escritos suscitaron gran interés, especialmente por el hecho de su atribución directa a un supuesto discípulo de San Pablo. Su estilo peculiar, artificioso, pero de gran fuerza sugestiva contribuyó a reforzar tal valoración. Máximo el confesor afirmó su autoridad y a partir de entonces no solamente los monofisitas, sino también los cristianos lo considerarían una autoridad doctrinal propia. Cuando llegaron a la corte Carolingia sus primeras traducciones latinas creció su influencia de tal modo que se multiplicaron las introducciones y comentarios a sus obras; su influencia fue tal que los grandes escolásticos de la edad media se encontraron bajo el círculo de influencia de su pensamiento: San Alberto el Grande publicó un comentario sobre su Teología mística y Santo Tomás, una obra sobre los Nombres divinos de Dionisio.

Los escritos de Dionisio influyeron en modificar la discusión nominalista sobre naturalezas y personas, para pasar al debate sobre los condicionantes de la revelación y los límites de nuestro conocimiento. Dionisio se mueve dentro de las tesis del neoplatonismo tardío y presenta el cristianismo como un sistema global de interpretación de toda la realidad. Dios, que se encuentra más allá de la inteligencia y del ser, es un Principio primordial único que puede concebirse tanto como el Dios creador de la Biblia como el Uno trascendente del neoplatonismo. La actitud mental característica que corresponde a esta absoluta trascendencia del primer Principio es la renuncia a la pretensión de querer conocer a Dios y el reconocimiento de la fe como total dependencia de Él, actitudes que manifiestan la imposibilidad de ver a Dios y que están presentes tanto en el Libro del Éxodo como en La República de Platón. Dionisio pretende un conocimiento que esté por encima de las posibilidades ordinarias de la razón; un saber en el no saber, que, bajo la guía de las Escrituras, nos revelen la suprema divinidad. En este extraño saber de la teología negativa, las negaciones se convierten, paradójicamente, en afirmaciones sobre el ser de Dios, de modo que en las cosas divinas las negaciones son la verdad, mientras que las afirmaciones son inadecuadas.

El Primer Principio, infinito e ilimitado, no puede ser determinado en ninguna imagen o concepto, ya que el principio de todos los seres no puede ser conocido como un ser determinado, sino que únicamente puede ser reconocido como el Incognoscible. Cualquier otro conocimiento es hipotético ya que está postulando a Aquél que, aunque no sea conocido, es la última razón del ser y la condición de todo lo conocido. El único modo de llegar a Dios consiste en la acogida existencial de su misterio y no en su representación objetiva. A pesar de esta absoluta trascendencia, Dionisio afirma también la presencia inmanente del Infinito en el finito como causa universal de todo ser y de todo bien. Dios, causa única y total de todo, está presente en el interior de todas las criaturas a las que sustenta. Aunque a Dios no le puede definir ningún concepto, se le pueden atribuir todos los conceptos y nombres del cosmos, ya que Él es el Principio de la realidad y la verdad de todo el universo. Dionisio hace suya la interpretación neoplatónica de Plotino según la cual el cosmos se constituye en un movimiento de salida desde la sobreabundancia del Uno hasta la multiplicidad ordenada y descendente.

La diferencia más radical entre el platonismo y la tradición bíblica consiste, básicamente, en que en la tradición cristiana no se da una emanación o efusión natural del mundo, sino que la creación es efecto libre del Dios Creador. Dionisio, para explicar la creación, recurre abundantemente a las imágenes de la difusión de la luz del sol, del calor, o del fuego que inmediatamente sugieren la emanación por mera efusión de sobreabundancia del Uno, pero al mismo tiempo, es muy consciente de las dificultades que plantea encajar la idea bíblica de Dios con el Uno impersonal de Plotino. Cuando habla del poder de Dios, que rige todas las cosas y del amor todopoderoso de la bondad divina, nos encontramos claramente ante el Dios bíblico y no ante el Uno neoplatónico, ya que, en último término, su concepción teofánica del cosmos implica la creación. Dionisio piensa que Dios se manifiesta creando de modo que, aunque su filosofía se mueva en el ámbito de la difusión del bien, esto no ocurre por necesidad de naturaleza sino por voluntad divina. Mientras los neoplatónicos pensaban que las hipóstasis derivadas del Uno eran de niveles inferiores al Uno, Dionisio, consciente de su fe, mantiene la total igualdad y dignidad de las tres hipóstasis divinas.

Otra gran diferencia entre los neoplatónicos y Dionisio es que mientras en el platonismo se da una gradación ontológica desde las hipóstasis superiores que comunican el ser hasta las realidades que lo reciben, en Dionisio, todos los seres son creados inmediatamente por Dios. La dependencia es sólo intencional en el orden de la iluminación o de la santificación y no en el de la existencia. Dios, en sí mismo, es estrictamente inefable, pero puede ser conocido a través de las jerarquías que reflejan su bondad en grados diversos. Para ello, es necesario ir más allá de cualquier conocimiento de las cosas concretas, con el triple ejercicio lógico que luego se hará clásico en la filosofía posterior: la negación, la eminencia y la causalidad. La negación porque Dios no es nada de lo que conocemos físicamente; la eminencia porque Dios es más que todo lo que conocemos; la causalidad porque Dios es causa de todo lo que conocemos. Con este triple ejercicio no llegaremos más que hasta un saber en el no saber. Dionisio opina que el mejor camino para el conocimiento de Dios es el camino de la fe y el amor, que va más allá de todo conocimiento por imágenes y conceptos. Sus escritos no pretendan comunicar una doctrina sino constituirse en un manual de iniciación que nos abra a la acción de la divinidad para que, purificando la mente de todo lo que es finito, y a través de la iluminación de la Revelación divina, podamos asumir la perfección.






01/06/2017 07:32:00