Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

El alma humana


En el nivel intelectivo, propio del ser humano, este circuito instintivo queda definitivamente roto ya que se escogen libremente los medios por los cuales el ser vivo se mantiene en el mundo.

La filosofía clásica llamaba alma al principio vital que se constituía como acto primero del ser vivo y de todas sus potencias. No hay que imaginar, como sucede a menudo, que el alma sea una especie de sustancia añadida al ser vivo, sino que simplemente designa el grado de unidad que manifiesta su organismo. Quien actúa es toda la sustancia.

De este modo, no son los ojos los que ven, sino que todo nuestro ser “ve” a través de los ojos. Estas potencias o facultades cuando son espirituales manifiestan el máximo nivel de unidad. Nuestros objetivos, ni que sean instintivos, pasan a través de la libertad y el aprendizaje. Un niño aprende todo, incluso las acciones más claramente sensibles o instintivas como caminar o comer. En este nivel espiritual el circuito instintivo queda totalmente roto.

Hay quien afirma que el pensamiento es, en este sentido, más radical que la biología. Martin Buber, en su obra ¿Qué es el hombre? Afirma que la antropología está llamada a conocer al hombre entero. Los llamados dualismos han significado en la historia de la antropología un modo sutil de negar la persona como realidad integral, exagerando aspectos de su unidad que, si bien forman parte de su ser, son únicamente aspectos de su unidad existencial. Así vemos como Kant afirma en su Crítica de la razón pura que el “yo pienso es el único texto de la psicología racional a base de la cual debe desarrollar ésta toda su sabiduría”; de este modo el objeto de la psicología es un yo pensante que no tiene referencia alguna en la experiencia exterior.

Precisamente -como más tarde afirma Hegel- esto sería construir una “metafísica abstracta del entendimiento y no una verdadera filosofía del espíritu”. Los dualismos antropológicos olvidan con frecuencia que cada persona es un bloque unitario, un único poseedor que las propias actividades, pasiones o estados corporales y psíquicos.

Santo Tomás afirma claramente que el hombre no es un animal de estímulos sino de realidades y que la dualidad de operaciones distintas no debe implicar el dualismo de las sustancias. Para la antropología tradicional, el espíritu no es un espíritu “puro” sino más bien un alma que “anima” el cuerpo haciéndolo humano y a su vez el cuerpo no es tan solo un “conglomerado” de partes físicas sino un cuerpo anímico y animado. (...)






11/06/2015 09:00:00