Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

El ojo no se ve

Características propias del pensamiento humano


Las características propias del pensamiento humano arrojan mucha luz sobre la espiritualidad del entendimiento humano.

El pensamiento tiene la característica de la infinitud ya que potencialmente el pensamiento está abierto a toda la realidad existente. De ahí que no exista un pensamiento último de las cosas. De un modo jocoso todos podemos recordar que de pequeños, en nuestras discusiones de jóvenes filósofos, uno podía responder “infinito más uno” cuando en interlocutor le parecía que afirmar “infinito” era cerrar definitivamente la tendencia intelectual a buscar el pensamiento infinito.

Otra característica del pensamiento es la alteridad, por la que aceptamos las cosas en sí mismas, en cuanto distintas a nosotros mismos, es decir, en su diferencia respecto de cualquier otra realidad. Algún filósofo subraya esta característica afirmando que las cosas son “en propio”. El pensamiento es mundano en el sentido de que siempre se da un horizonte en el que destacan las cosas en cuanto objetos. Por el conocimiento nos abrimos al mundo y el pensamiento nos permite pensar las cosas como un conjunto dentro de este mundo.

La reflexividad es otra de las características de nuestro conocimiento por el que el sujeto puede conocerse a sí mismo como yo. Esta característica es básica. Habitualmente los órganos corporales son transitivos, es decir, pueden conocer la realidad pero no reconocerse a sí mismos. Podemos pedir al ojo “que vea” las cosas que tiene delante, pero no le pedimos “que se vea” él mismo. Para ello el ojo debería ser inmaterial, ya que la materialidad es la razón por la que no puede “desdoblarse” sobre él mismo. Aquello que define la realidad material es la no-simultaneidad entre el movimiento y su final.

Nada material puede ocupar a la vez el inicio y el final de un proceso. Pero esto es justamente lo que le ocurre a la conciencia humana, que sus actos son simultáneos. Pensamos las cosas y simultáneamente nos “damos cuenta” de que las estamos pensando. Esta instantaneidad por la que el fin o el objeto de la acción interior y la propia acción son lo mismo constituye una prueba de la inmaterialidad de la operación intelectual y demuestra que el pensamiento no es orgánico.

Otra característica del conocimiento humano es la unión que mantiene con la sensibilidad, tanto externa como internamente. El pensamiento puede volver tantas veces como quiera sobre las imágenes, recuerdos o sensaciones en las que empezó el proceso abstractivo del conocer. Una persona puede ir y volver de lo abstracto a lo concreto.

Sobre algunas de estas características del conocimiento humano se fundamenta la afirmación de nuestra espiritualidad. Efectivamente nos damos cuenta de la relativa independencia que tiene nuestro pensamiento respecto de la sensibilidad.

Es falso afirmar, como hace el empirismo, que sentir o percibir es lo mismo que pensar. Sentimos el frío pero también podemos saber qué es el frío, aunque no lo sintamos. Es cierto que nuestras imágenes y sensaciones proceden del exterior pero, una vez obtenidas las imágenes, las operaciones intelectuales no dependen de la situación orgánica del sujeto. La persona es capaz de captar la realidad en sí misma, aunque ya no conserve su contacto sensible.






19/02/2015 10:00:00