Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

El pensamiento pensado no piensa

Relación entre cerebro y pensamiento


El supuesto empirista se fundamenta en la reducción materialista del pensamiento a la actividad cerebral. Es evidente que hay relación entre inteligencia y actividad cerebral pero es importante distinguir las distintas explicaciones posibles de esta relación sin sucumbir a los prejuicios materialistas que tan a menudo se dan por absolutamente demostrados.

El monismo fisicalista defiende la teoría de la identidad entre los estados mentales y los procesos neuronales. El materialismo emergentista sostiene que la mente emerge del cerebro si bien éste es irreducible a lo puramente biológico. Se trata de un brotar que se explica evolutivamente. Para el funcionalismo, la singularidad de los estados mentales es únicamente una consecuencia de su papel funcional dentro del sistema cerebral completo.

En este sentido el cerebro es equiparable a un ordenador. Existe una irreductibilidad de los procesos neuronales y, por lo tanto, una distinción entre la actividad cerebral de recepción de datos y la actividad mental de la percepción consciente. En muchas de estas explicaciones la relación entre inteligencia y cerebro adolece de un prejuicio empirista y materialista.

Es del todo obvio que la inteligencia necesita el cerebro, pero únicamente como causa instrumental. Es decir, no hay pensamiento sin proceso neuronal pero una neurona no es un pensamiento. De ahí que seamos nosotros los que pensamos los pensamientos que tenemos y no ellos que nos “piensen” a nosotros. Como jocosamente advierte Leonardo Polo “el pensamiento pensado no piensa”.

Es el hombre el que piensa con su cerebro y no éste el que piensa autónomamente. J. A. Marina, en Teoría de la inteligencia creadora, advierte que pensamos cuando queremos pensar. Y la unión de la actividad intelectual con el acto internamente libre es una tesis largamente expuesta por Joseph Marèchal, y en general por toda la escuela trascendental de Lovaina, que insistió que el circuito que se da entre inteligencia y libertad demuestra que nos encontramos ante un circuito espiritual de nuestra propia actividad consciente.

Podemos superar el prejuicio materialista si atendemos debidamente a la reflexividad que nuestra conciencia tiene sobre el propio sujeto. El ojo no se ve pero el entendimiento se conoce a sí mismo. Por otro lado, es condición de la inteligencia el permanecer potencialmente abierta a lo infinito y en cambio, todo lo material es finito. Y por último, el pensamiento es capaz de conocer cosas universales, irreales o incluso contradictorias o negativas como la nada.

Esto no podría darse si el pensamiento fuese únicamente material ya que no existe realidad material que sea universal, irreal, o negativa. El debate sobre la inteligencia humana y el materialismo empirista afectó también a la consideración de las diferencias entre el lenguaje animal y el lenguaje humano. El lenguaje humano es una actividad inteligente. Como afirma E. Sapir, en Language , el lenguaje es “un método exclusivamente humano, no instintivo de comunicar ideas, emociones y deseos por medio de un sistema de símbolos producidos de manera deliberada”.

El lenguaje humano no viene del instinto, ni se trasmite genéticamente. No se trata de un elemento natural sino cultural o convencional. El lenguaje animal es icónico, es decir, mantiene una relación simple y directa entre el signo y el mensaje, mientras que el lenguaje humano es digital, es decir, la relación entre signo y mensaje es convencional o arbitraria.

Los signos del lenguaje humano son escogidos por el hombre de manera deliberada. Y, por último, el número de mensajes de los que es capaz el lenguaje humano es ilimitado, mientras que los animales sólo tienen un número fijo y limitado de mensajes que permanecen inalterables. Ante estos presupuestos materialistas hay que mantener el pensamiento mismo como una forma de lenguaje.

El lenguaje humano existe porque el hombre, como afirma, Heidegger, es un ente que habla, que es capaz de conocer y manifestar sus estados sensibles e interiores. El lenguaje es vehículo y expresión del pensamiento porque lo incorpora dentro de sí mismo. Como afirma E. Gilson, en Elementos de filosofía cristiana,"Entender el significado de una palabra es conocer. El significado comprendido de una palabra es conocimiento”, de modo que el pensamiento y lenguaje son inseparables; hablar y pensar se dan a la vez".

Como afirma Julián Marías: “la voz humana no es solo sonido, ni siquiera «sonido personal»: es palabra, voz significativa, decía Aristóteles. La voz «dice» algo a alguien respecto de las cosas. Es el elemento del «sentido», de la significación, y esto quiere decir de las interpretaciones. Esta es la función primaria de lo auditivo. Se dirá que en principio nada se opone a que la comunicación significativa se efectuase de un modo visual o táctil; la especie humana podría ser sorda y muda, y sin embargo podría haber convivencia y significación; en principio, en efecto; esto quiere decir en el nivel de la estructura analítica; en el de la empírica, en el de la antropología, no: la audición es el modo empírico de la convivencia humana.

Por eso es lenguaje -no se olvide que todos los que se llaman metafóricamente «lenguajes» o «metalenguajes» se derivan del lenguaje real y solo son inteligibles desde él, que todo otro «lenguaje» se estipula o constituye hablando-. Todo el pensamiento, incluso el pensamiento solitario, está fundado en el lenguaje y, por tanto, en el oído. Lo que la vista es para la estructura de la mundanidad, el oído lo es para la de la significación, y por tanto para el sentido intrínseco de la vida humana. Esta, en cuánto convivencia comprensiva, acontece auditivamente. Y lo mismo que antes dije del ciego habría que decir del sordo o del sordomudo, los cuales socialmente viven en un mundo auditivo
”. (Julián Marías., Antropología metafísica., Ediciones Revista de Occidente. Madrid)






26/02/2015 09:00:00