Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Fieles a su llamada

Confianza, misericordia y abnegación


Hemos de ser fieles a la llamada. Parece que necesitamos el éxito. Pero lo que persigue Jesús al final de su vida es la fidelidad. Y lo que le pide al Padre es ser fiel a su voluntad. En el Viernes Santo el fracaso de Jesús es estrepitoso. La Pascua es un regalo del Padre. Es importante que en momentos de cambio sepamos a dónde hay que mirar y a quién hay que mirar. Que sepamos apoyarnos en la mirada de elección de Jesús. Que jamás me va a traicionar. Que podamos dar razón de nuestra esperanza. En el punto esencial: formo parte del conjunto de llamados por amor antes de que el mundo existiera. Y he sido destinado a ser santo. Y ahí me juego toda mi existencia. Y éste soy yo. Éste sigo siendo yo. Una mirada agradecida y gozosa de que eso sea así, porque es fruto de un amor muy grande por parte de Jesús.

Una de las virtudes que podríamos pedirle hoy al Señor, es la confianza. San Pablo, que se decía así mismo que era un aborto, porque no había conocido a Jesús, le recomienda la confianza a Timoteo:

"12 Por este motivo estoy soportando estos sufrimientos; pero no me avergüenzo, porque yo sé bien en quién tengo puesta mi fe, y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel Día. 13 Ten por norma las palabras sanas que oíste de mí en la fe y en la caridad de Cristo Jesús. 14 Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros". (2 Tm 1)

¿Cómo andamos de confianza en el Señor?

Nuestra donación interior pasa por aquellos momentos de dureza, en que lo aguantamos a pulso. No lo confesamos, pero deberíamos hacerlo. La confianza en Jesús pasa por decirle lo que no nos gusta de nosotros, de nuestra familia, de nuestra Iglesia, de nuestro mundo. Sin dudar ni un milímetro de su llamada de amor a ser santos, ni de su poder: sé de quién me he fiado.

También podemos preguntarnos cómo andamos de Misericordia. Nuestro mundo es cada vez menos compasivo porque se parece cada vez menos a la imagen de Dios Padre que es amor. Es más agresivo, más competitivo. Más de resultados. Y de resumir nuestra vida en éxito o fracaso, fecundidad o no.

"4¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se perdió, hasta que la encuentra? 5 Cuando la encuentra, se la pone muy contento sobre los hombros 6 y, llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos y les dice: 'Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.'7 Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión". (Lc 15)

Y es una trampa, porque como son 99 y 1, a todos se nos ocurre pensar que somos de las 99, y no. Todos somos la perdida. Tenemos que hacer el esfuerzo de saber que somos la perdida. Porque si somos de las 99, ya no hace falta que me convierta. Que vaya a buscar la perdida -pensamos-, que yo me alegraré mucho, y cuando vuelva, haremos fiesta. El Señor nos dice que todos somos esta oveja que ha marchado y, cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros y al llegar a casa se alegra con los amigos. Ese es Jesús. ¿Cómo andamos de misericordia con los demás, de paciencia, de fortaleza? Con los defectos ajenos. ¿Cómo andamos de misericordia con nosotros mismos?, que nuestra conciencia no será el último tribunal. No es lo mismo dolernos de nuestros pecados, que extrañarnos de nuestros pecados. No es lo mismo.

El dolor de los pecados es dolor de amor. No es dolor de amor propio herido, o dolor de sorpresa. ¿Cómo te has de sorprender de tu pecado? La misericordia es un don y un compromiso nuestro.

Y la abnegación. Es la mortificación que no buscamos. La que la vida nos trae. San Pablo dice en 1 Co 4, "8 ¡Ya estáis hartos! ¡Ya sois ricos! ¡Os habéis hecho reyes sin nosotros! ¡Y ojalá reinaseis, para que también nosotros reináramos con vosotros!9 Porque pienso que a nosotros, los apóstoles, Dios nos ha asignado el último lugar, como condenados a muerte, puestos a modo de espectáculo para el mundo, los ángeles y los hombres. 10 Nosotros, locos a causa de Cristo; vosotros, sabios en Cristo. Débiles nosotros; vosotros, fuertes. Vosotros, estimados; nosotros, despreciados. 11 Hasta el presente, pasamos hambre, sed, desnudez. Somos abofeteados, y andamos errantes. 12 Nos fatigamos trabajando con nuestras manos. Si nos insultan, bendecimos. Si nos persiguen, lo soportamos. 13 Si nos difaman, respondemos con bondad. Hemos venido a ser, hasta ahora, como la basura del mundo y el desecho de todos". (1 Co)

Los cristianos somos espectáculo para el mundo. Entonces y hoy. No vayamos a pensar que la persecución que podamos sufrir es un invento del siglo XXI. Es una constante de la vida cristiana. Va con el lote de la llamada. Recibiremos 100 por 1. con persecución. La situación en la que estamos de problemas no es ajena a esa mirada de Jesús. San Pablo nos recuerda que en ella nos encontramos también la fidelidad a Dios, a la voluntad de Dios. Ser fieles a Dios después de años de haber recibido la llamada, es un gozo. Es ese querer con determinada determinación la voluntad de Dios. Qué alegría que nuestra alma esté gozosa, oxigenada, capaz de generosidad, dispuesta al sacrificio. A renovarnos constantemente en el espíritu de esa llamada. Hay una especie de arteriosclerosis espiritual, por los filtros que vamos produciendo, nuestro corazoncito se va quedando pequeñito, o en un lugar determinado de nuestra vida, o demasiado defendido, porque cualquiera lo puede atacar, o demasiado desconocido porque igual me dice cosas que no quiero oír, y eso produce inmovilidad. Las cosas pequeñas que antes no valoraba, ¡qué grandes son! ¡qué difíciles se me hacen!

En cambio, cuando hay amor, las dificultades se relativizan. El motor del mensaje de Jesús es el amor. Lo dijo por activa y por pasiva. 'Nadie tiene amor más grande que el que da la vida.', 'os doy un mandato muevo.' No es poesía. Es que la fuerza más capaz de cambiar nuestro interior es el amor. Y sólo por amor se cambian cosas. Pues qué bonito volver a actualizar la llamada de Jesús en nuestro interior. Y vivir y permanecer en esa llamada.

Revisando aquellas actitudes que más nos acercan a la fidelidad, como son la confianza en el poder de Dios, la misericordia hacia los demás, y la abnegación en su seguimiento. El laico vive la vocación cristiana con una índole peculiar. No es el sitio en el que vivo la llamada, sino el estilo en que vivo la llamada. La índole secular, en la familia, en el trabajo, en la política. Nos hace más sensibles a la actitud testimonial. "19 Efectivamente, siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda. 20 Con los judíos me he hecho judío para ganar a los judíos; con los que están bajo la Ley, como quien está bajo la Ley -aun sin estarlo- para ganar a los que están bajo ella. 21 Con los que están sin ley, como quien está sin ley para ganar a los que están sin ley, no estando yo sin ley de Dios sino bajo la ley de Cristo.22 Me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos.23 Y todo esto lo hago por el Evangelio para ser partícipe del mismo. 24 ¿No sabéis que en las carreras del estadio todos corren, mas uno solo recibe el premio? ¡Corred de manera que lo consigáis! 25 Los atletas se privan de todo; y eso ¡por una corona corruptible!; nosotros, en cambio, por una incorruptible. 26 Así pues, yo corro, no como a la ventura; y ejerzo el pugilato, no como dando golpes en el vacío, 27 sino que golpeo mi cuerpo y lo esclavizo; no sea que, habiendo proclamado a los demás, resulte yo mismo descalificado". (1 Co)

Dejemos que sea Dios que nos hable en nuestro corazón.






19/05/2016 09:00:00