Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Habitación desordenada 2

El esfuerzo por purificar la memoria nos consigue mayor paz y libertad ante las preocupaciones excesivas.


Al igual que ocurre con el entendimiento también podemos colaborar poniendo orden en la memoria, limitando la avidez y consumo de noticias.

Hay demasiadas noticias que no son en absoluto necesarias. Nuestra memoria no se cansa de querer saberlo todo y se entretiene en conversaciones vanas o inútiles que simplemente le distraen o agobian. Es como una esponja que se hincha conforme absorbe cuanto le rodea. Esta esponja de nuestra memoria necesita ser estrujada y vaciada, ya que “cuanto más el alma desaposesionare la memoria de formas y cosas memorables que no son Dios, tanto más pondrá la memoria en Dios y más vacía la tendrá para esperar de él el lleno de su memoria” (San Juan de la Cruz., 3 Subida, 15,1)

Deberíamos esforzarnos en no consentir en las preocupaciones y en los vanos pensamientos obsesivos y combatirlos como hacemos con los pensamientos que consideramos malos en otros temas como en el deseo de robar o en los odios y rencores.

Deberíamos esforzarnos en actualizar constantemente la virtud de la esperanza y confiar en Dios con total abandono cortando o deshaciendo los nudos que están enredando la memoria y nos roban la paz del alma.

La persona de memoria purificada queda libre para mirar a Dios en una oración sin distracciones, y para escucharle en silencio, sin ruidos interiores. Puede centrar en el prójimo una atención solícita, no distraída por otros objetos inoportunos. Logra desconectar, cuando conviene, de sus ocupaciones y atenciones diarias. Vive sereno en medio de las vicisitudes de la vida; y duerme y descansa sin pastillas, gotas ni comprimidos.

“El alma se libra y ampara del mundo, porque esta verdura de esperanza viva en Dios da al alma una tal viveza y animosidad y levantamiento a las cosas de la vida eterna, que, en comparación de lo que allí espera, todo lo del mundo le parece -como es la verdad- seco y lacio y muerto y de ningún valor. Y aquí se despoja y desnuda de todas estas vestiduras y traje del mundo, no poniendo su corazón en nada, ni esperando nada de lo que hay o ha de haber en él, viviendo solamente vestida de esperanza de vida eterna” (San Juan de la Cruz., 2 Noche oscura, 21,6).






28/08/2014 09:00:00