Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

He aquí la esclava del Señor

María en la Anunciación del Señor. Catequesis de Juan Pablo II


Isabel exclama: “feliz la que he creído que se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor”. Esta bienaventuranza presenta a María como la mujer de fe que precede a la Iglesia. Podemos comparar la fe de María con el anuncio del ángel a Zacarías. Zacarías pregunta "¿Por qué? ¿En que lo conoceré? Porque soy viejo…” María pregunta "¿Cómo será esto?" María se adhiere plenamente el proyecto divino sin subordinar su consentimiento. Busca sólo el modo de realizarlo. San Agustín afirma “buscó el modo; no dudó de la omnipotencia de Dios”. (Sermón 291)

Podemos también comparar las dos narraciones. En la de San Lucas la situación de Zacarías es más favorable. Se da en un momento importante de su vida. Se le comunica la decisión en una visión. Se favorece una comprensión más fácil de la autenticidad del mensaje. En cambio el anuncio de María tiene lugar en un contexto más simple y ordinario. Sin elementos externos. San Lucas no indica el lugar ni atribuye especial importancia al momento. María tiene la fe hecha de escucha intensa y fe pura. Nosotros a veces tenemos la tendencia a pedir con insistencia con signos sensibles para creer.

A María se le propone una verdad mucho más alta que la anunciada a Zacarías ya que él fue invitado a creer en un nacimiento maravilloso y en cambio María es invitada a creer en una maternidad virginal de la cual no hay precedente. A María se le pide que acepte una verdad jamás anunciada antes. La acoge con sencillez y audacia. La virginidad que parecía un obstáculo resulta el contexto en que el Espíritu Santo realiza en ella la concepción del hijo de Dios. En la realización del designio divino será la libre colaboración nuestra. María creyendo coopera en el cumplimiento de la voluntad de Dios. San Agustín afirma: “el ángel anuncia, la virgen escucha, cree y concibe” (Sermón 13 in Nat. Dom).

El acto de fe de María nos recuerda la fe de Abrahán que creyó en Dios y se convirtió en padre de nuestra fe. El relato nos ayuda a comprender el papel fundamental que la fe de María ha desempeñado en la salvación del género humano. Las palabras de María en la anunciación: “he aquí la esclava del señor hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38) ponen de manifiesto que María responde a Dios con un acto de libre sumisión y de consiguiente abandono a su voluntad.

La expresión “siervo” se aplican en el Antiguo Testamento a personajes llamados a ejercer una misión, como Abraham, Isaac, Jacob etc… Isaías enaltece la docilidad del “siervo sufriente”. También algunas mujeres brindan ejemplos de fidelidad como Ester. Cuando María llena de gracia se proclama esclava del señor imita las palabras de su propio Hijo “que no vino a ser servido sino a servir” (Mc 10,45).

En la vida de Jesús la voluntad de servir es constante y sorprendente y también su rechazo a la mentalidad de su tiempo y también a la aspiración de los discípulos a ocupar los primeros lugares (Mc 9, 34). Algo que se pone en evidencia en la protesta de Pedro durante lavatorio de pies (Jn 13,6). Jesús no quiere ser servido sino que desea servir. María también se declara de forma espontánea “esclava del Señor”. En su compromiso de servicio ella incluye su propósito de servir al prójimo como lo demuestra la relación que guardan la Anunciación y la Visitación. María se pone en camino y “de prisa” (Lc 1,39).

Las palabras “hágase en mí según tu palabra” no sólo expresa aceptación sino acogida convencida del proyecto divino hecho con todos sus recursos personales. Manifiestan en María una obediencia total a la voluntad de Dios.

Además la docilidad de María anuncia la que manifestará Jesús durante su vida pública hasta el calvario. Jesús dirá “mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado” (Jn 4, 34). María hace de la voluntad del Padre el principio inspirador de toda su vida. Aunque la Anunciación no conoce el sacrificio que caracteriza la misión, la presencia de Simeón le hace vislumbrar el trágico destino de su Hijo. La virgen se asocia a él con íntima participación, con obediencia plena hasta que “la espada atraviese su alma”.

Cuando María afirma “he aquí la esclava del señor” acaba de hacer un profundo acto de fe y confianza en el poder y en los planes de Dios. María presenta toda su vida a Dios sin trabas ni condiciones. No fue un acto de fe fácil. ¿Cómo podría explicar a sus parientes? ¿Quién le creería la historia? Además había hecho voto de virginidad. ¿Quién le aseguraba que esta visión no había sido sino sólo un sueño o una falsa fantasía?

Todos sus planes personales se rompían. Dios estaba cambiando sus ideas preconcebidas. La fe de María no fue un asentimiento frío, intelectual, sino un donarse totalmente y sin condiciones. María creyó en Dios porque “para él no hay nada imposible”. Por eso San Bernardo afirma que “por su fe María concibió primero a Cristo en su corazón y luego en su vientre”. Éste fue el “hágase” de María. ¿Es así nuestra fe? María se mostró como la esclava del Señor. Esta obediencia nace de la confianza y del abandono incluso cuando las cosas no se aclaran y surgen dificultades.






12/02/2015 09:00:00