Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Inéditos: Alcher de Clairvaux 3

El don del Padre y del Hijo es el Espíritu Santo


El alma hecha a semejanza de toda sabiduría, produce en sí la semejanza de todas las cosas; de modo que es definida por el Filósofo como la semejanza de todas las cosas. Tiene en sí misma las fuerzas por las que aprehende todo o bien investiga para hacerse semejante a todas las cosas.

Por el sentido es semejante a la tierra; al agua por la imaginación, penetrante por la razón, sólido por el entendimiento, y al cielo de los cielos por la inteligencia.

Es semejante a las piedras por la esencia, a los árboles por la vida, a los animales por el sentido y la imaginación, a los hombres por la razón, a los ángeles por el intelecto, a Dios por la inteligencia.

Igual que Dios es capaz y participante de todas las cosas; así el alma es capaz de todo. Dios es capaz y participante de todas las cosas porque por su don natural, evidentemente por el Espíritu Santo, y por el fruto del don de la gracia, participa de todas las cosas por la esencia por la que existen y según la cual (pertenecen) a una especie. Idónea por la que se distinguen de las otras, según ambos al conveniente uso por el que progresan.

Estas tres cosas existen en todo hombre existente, como cierto vestigio de la suma esencia, imagen y don, esto es, la Trinidad de Padre, Hijo y Espíritu Santo.

La eternidad ciertamente está en el Padre, la especie en la imagen, el fruto en el don.

La eternidad está en el Padre porque el Padre no tiene Padre del cual exista: El Hijo es en cuanto es del Padre, y es coeterno a Él.

La imagen realiza tan perfectamente aquel de quien es imagen, que es coigual a Él.

La especie está en la imagen, esto es, pulcritud, congruencia, igualdad, primera y suma semejanza, primera y suma vida, primer y sumo intelecto.El fruto está en el don.

El don del Padre y del Hijo es el Espíritu Santo. El fruto está en el don, esto es, la delectación, el gozo, la alegría, la felicidad, la suavidad. Aquella inefable unión del Padre y la imagen no es sin perfección, sin caridad, sin gozo: así en aquella Suma Trinidad está el origen de todas las cosas, la perfectísima pulcritud, y nuestro feliz amor, todo fruto de la deidad es por don. (…)

(Alcher de Clarvaux. LIBRO DEL ESPÍRITU Y DEL ALMA cap. 6 PL. XL)





20/02/2017 09:00:00