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Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
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Inéditos: Hugo de San Víctor 4

La palabra de Dios es viva y eficaz


Hugo de San Victor., De Unione corporis et spiritus. Jacques Paul Migne., P.L 177. (285-294)

 
De una vez para siempre ha hablado Dios (Sal. 61) porque engendró un único Verbo por el cual hizo todas las cosas. La conversación de Dios es única, porque el Verbo de Dios es único. Y porque es verdaderamente uno, porque es el único por excelencia, no se expresa en múltiples opiniones sino que se agota en una única y sola palabra. ¿Por qué entonces se dice en el salmo: “pues has sido justo en tus sentencias” (Psal 50). Y en otra parte: “Dame vida para que guarde tus palabras” (Psal 118). Si verdaderamente creemos que la conversación de Dios es única, ¿cómo afirmamos de ella muchas palabras? Hay que saber que Dios habla de un modo por boca de hombre y de otro modo por sí mismo.

Efectivamente la escritura atestigua de ordinario en todo el antiguo y el nuevo testamento que Dios habla a los hombres a través de hombres. En efecto, Dios habla a través de hombres, habla por sí muchas palabras a través de hombres pero única en sí misma. Cualquier cosa que reveló por boca de hombres, fue una sola en todos ellos, y todas son lo mismo en esta única palabra ya que gracias a ella pueden revelarse en cualquier lugar o tiempo. Comprendamos pues el gran sacramento, el verbo de Dios revestido de carne humana, apareció visible de una vez para siempre, y ahora diariamente ella misma e idéntica viene a nosotros escrita en voz humana.

Y aunque de un modo se da a conocer a los hombres en carne y de otro por voz humana, de cualquier modo hay que comprender que aquí está la voz del Verbo, que allí está en carne. Los malos y también los incrédulos no solo pudieron ver, sino también matar la humanidad de Cristo: y todavía hoy desprecian y desoyen la palabra de Dios. Y lo mismo que aquellos no se hubieran atrevido a matar al hombre, si hubieran podido saber que era Dios, tampoco estos de ningún modo rechazarían escuchar las palabras divinas, si fueran capaces de gustar interiormente la fuerza de su sabor.

La palabra de Dios es viva, porque hay vida en ella. El oído aviva por fuera, lo que el corazón vivifica por dentro. Lo que penetra en los oídos es lo que inspira el corazón. Lo que por fuera pasa, por dentro no cambia. Lo que por fuera explica el decurso de las palabras, por dentro dicta la verdad inalterable. Por eso, dice, “el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. (Lc 21). Y ciertamente si no pasarán no son pasajeras, porque igual que una palabra única no se reparte en muchas tampoco muchas difieren en una única palabra.

Arregladas brevemente estas cuestiones sobre la palabra de Dios, ahora examinamos las palabras del Apóstol: “la palabra de Dios –dice- es viva y eficaz y más penetrante que espada de doble filo” (Heb 4). Viva porque no cambia; eficaz porque no cesa; penetrante porque no engaña. No cambia en lo que promete, no cesa en lo que hace, no se equivoca en lo que juzga. Su promesa no cae en el olvido ni cambia su intención. Su esfuerzo no cede a la dificultad. Su juicio no engaña con ambigüedad. Promete sinceramente, actúa constantemente, discierne sutilmente. La palabra de Dios está viva para que creas, es eficaz para que esperes, y es penetrante para que temas. Está viva en los preceptos y prohibiciones, eficaz en las promesas y amenazas, penetrante en los juicios y condenas. Pero ya que la verdad de sus promesas y la omnipotencia de sus obras deben creerse más que discutirse, consideremos que sea la sutileza de sus juicios.

Penetrante, -dice- es la palabra de Dios como espada de doble filo. De doble filo es la espada que corta por dos partes a la vez, ya que cuando hiere ahonda tras de sí penetrando por ambas partes, sin embargo esta únicamente corta la carne; mientras que la palabra de Dios corta por las dos partes, “porque puede perder el alma y el cuerpo en el fuego del infierno” (Mat, 10). Corta en ambos juicios porque en ambos juzga, incide y discierne.

Sigue: “llega hasta la división del alma y el espíritu” (Heb 4). En cada uno de los hombres existen tres cosas: carne, espíritu y mente. A la carne le pertenece el deleite, al espíritu el pensamiento, a la mente el discernimiento. La serpiente es el deleite; Eva, el pensamiento; Adán, el discernimiento. En el deleite se encuentra el deseo de lo superfluo. En el conocimiento está la previsión de lo necesario. En el discernimiento se encuentra el sentido de la verdad. El deleite precipita la previsión hacia lo superfluo con el pretexto de necesidad. La previsión aparta la razón del sentido de verdad por simpatía de lo más bajo.

La primera división se da entre la serpiente y Eva, es decir, entre la concupiscencia carnal y el alma; entre la animalidad y el espíritu; entre el deleite y el pensamiento, entre lo superfluo y lo necesario.

La segunda división se da entre Eva y Adán, entre el pensamiento y la intención, o el discernimiento entre la prudencia de la carne y el sentido de la verdad. La palabra de Dios en cierta manera separa el alma y el espíritu, cuando la elocuencia sagrada nos muestra la oposición que existe entre los deseos carnales y los espirituales. Sigue: “hasta las junturas y médulas” (ibid), esto es, la misma palabra de Dios llega hasta la separación entre junturas y médulas. Que debemos entender por junturas y médulas lo explana cuando añade: "pensamientos e intenciones" (ibid). Las junturas son los pensamientos, las médulas son las intenciones. Lo primero son las obras vigorosas como la piel, después el deleite como la carne, después los pensamientos como los huesos, después las intenciones como la médula. Como la piel cubre la carne, así las obras (cubren) el deleite, y como los huesos sostienen la carne, así los pensamientos apacientan los deseos; y como las medulas son interiores a los huesos, del mismo modo las intenciones se ocultan en los pensamientos.

Semel locutus est Deus (Psal LXI) quia unum Verbum genuit, per quod omnia fecit. Hoc Verbum est sermo eius. Unus est ergo sermo Dei, quia unum est Verbum Dei. Et ideo vere unus, quia unius unus, qui sententias multiplices non complectitur; sed uno et simplici verbo consummatur. Quare ergo dicitur in psalmo: Ut justificeris in sermonibus tuis (Psal. L). Et alibi: Vivifica me et custodiam sermones tuos (psal CXVIII). Si enim vere sermo Dei unus creditur, quomodo multi sermones eius dicuntur?. Sed sciendum est quod aliter per hominum ora loquitur Deus, aliter per semetipsum. Nam quod Deus in hominibus per homines loquitur, hoc fere omnis et Veteris et Novi Testamenti scriptura testatur. Loquitur ergo Deus per homines, loquitur per se, multos sermones per homines, unum per semetipsum. Sed quoscunque per homines ora protulit, iste unus in omnibus illis fuit, et omnes in isto uno unum sunt, qui sine isto quolibet loco vel tempore prolati esse non possunt. Videamos ergo magnum sacramentum, verbum Dei humana carne vestitum, semel visibile apparuit, et nunc quotidie idem ipsum humana voce conditum ad nos venit. Et quamvis aliter per carnem, atque aliter per vocem humanam hominibus innotescat, quodam modo tamen hic intelligenda est vox Verbi, quod ibi caro est. Humanitatem Christi mali quoque et increduli non solum videre, sed etiam occidere potuerunt: et adhuc quotidie sermonem Dei foris audiunt et contemnunt. Et quemadmodum illi homine occidere non praesumerent, si Deum cognoscere potuissent, ita quoque isti nequaquam verba divina audita respuerent, si virtutem eorum interno sapore gustare valerent. Sermo igitur Dei vivus est, quia vita in eo est. In eo quod foris auditum excitat, id quod intus est cor vivificat. In eo quod auribus illabitur, id quod cordi inspiratur. Quod foris est transit, quod intus est mutabilitatem non recepit. Quod foris decursus verborum explicat, intus veritas incommutabilis dictat. Propterea, inquit, caelum et terra trasnsibunt, verba autem mea non transibunt (Luc. XXI). Ubi utique non transibunt ubi transitoria non sunt, quia sicut in multis unum verbum non dividitur, ita multa in uno verbo non variantur. His itaque de sermone Dei breviter explicatis, nunc Apostoli verba inspiciamus: Vivis ets, inquit, sermo Dei et efficax et penetrabilior omni gladio ancipiti (Heb. IV). Vivus, quia non mutatur; efficax, quia non deficit; penetrabilia, quia non fallitur. Non mutatur in promisso, non deficit in facto, non fallitur in judicio. Promissio eius oblivione non moritur, nec intentione mutatur. Operatio eius difficultate non vincitur. Iudicium eius ambiguitate non fallitur. Veraciter promittit, fortiter facit, subtiliter discernit. Vivus est sermo Dei ut credas, efficax ut speres, penetrabilior ut timeas. Vivus est in praeceptis et prohibitionibus, efficax in promissis et comminationibus, penetrabilior in judiccis et damnationibus. Sed quia veritas promissorum, et omnipotentia operum eius credenda potius quam discutienda sunt, quae sit subtilitas iudiciorum eius consideremus. Penetrabilior, inquit, est sermo Dei omni gladio ancipiti. Anceps est gladius, qui ex ambabus partibus incidit, qui cum infligitur penetrans ex utraque parte secundum viam sibi aperit, hic tamen non nisi carnem incidit; sed Dei gladius utrinque secat, quia potest animam et corpus perdere in gehennam ignis (Matth, X). Sive in iudiciis utrinque secat, quia utrumque dijudicat, incidit et discernit. Sequitur : pertingens usque ad divisionem animae ac spiritus (Heb IV). In unoquoque homine tria sunt, caro, spiritus, et mens. Ad carnem pertinet delectatio, ad spiritum cogitatio, ad mentem discretio. Delectatio est serpens, cogitatio Eva, discretio Adam. In delectatione est superfluitatis concupiscentia. In cognitione est necessitatis providentia. In discretione est veritatis sententia. Delectatio providentiam obtentu necessitatis ad superfluitatem praecipat. Providentia rationem per compassionem inferioris inclinat a sententia veritatis. Prima divisio est inter serpentem et Evam, hoc est inter carnalitatem sive animam vel animalitatem et spiritum, inter delectationem et cogitationem, inter superfluitatem et necessitatem. Secunda divisio est inter Evam et Adam, inter cogitationem et intentionem, vel discretio inter prudentiam carnis et sententiam veritatis. Sermo etiam Dei quasi inter animam et spiritum dividit, quando sacrum eloquium nobis, quae inter carnalia et spiritualia desideria repugnantia habeatur ostendit. Sequitur: Compagum quoque et medullarum (ibid), id est etiam usque ad divisionem compagum et medullarum pertingit ipse sermo Dei. Quid vero per compages et medullas accipere debeamus, explanatur cum subditur: Cogitationum et intentionum (ibid). Compages sunt cogitationes, medullae intentiones. Prima fortis sunt opera quasi cutis, deinde delectatio quasi caro, deinde cogitationes quasi ossa, deinde intentio quasi medulla. Sicut cutis carnem tegit, sic opera delectationem, et sicut ossa carnem fulciunt, sic cogitationes desideria pascunt; et sicut medullae ossibus interiores sunt, sic in cogitationibus intentiones latent.






21/10/2014 09:00:00