Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
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Inéditos: Hugo de San Víctor 6

Mirada de la carne, mirada del corazón y mirada de Dios


Hugo de San Victor., De Unione corporis et spiritus. Jacques Paul Migne., P.L 177. (285-294)

De modo semejante algunas veces de un buen deseo nace el pensamiento de cosas malas, como alguna vez al rechazar la impureza de la carne, empezamos a pensar en la deformidad de la concupiscencia carnal, y de este mismo pensamiento nuestro nos inflama una delectación ilícita, como si empezara a manar agua pura de una fuente que paulatinamente fuera precipitándose a la cloaca de la vileza.

Algunas veces en cambio los pensamientos proceden de buenos deseos y originan buenos deseos, o nacidos de malos (deseos) prefieren cosas malas. Está bien puesta la división de las junturas, es decir, de los pensamientos de las cosas buenas y de las malas, después de la división del alma y el espíritu, esto es, de la voluntad carnal y espiritual, porque en cierta manera es más tortuosa y difícil y por su ambigüedad es más difícil discernir la verdad.

Por último, para que se conozca el discernimiento de todas estas intenciones que son más secretas, con razón se aplica también una división en el extremo de las médulas. He ahí porque la palabra de Dios penetra al juzgar todas las cosas, porque aquel que por su sabiduría discierne el interior entendiendo sutilmente nuestros secretos, desde fuera nos hace comprender iluminándonos útilmente con su doctrina.

Porque la palabra de Dios es viva, creamos verdad lo que promete; porque es eficaz, esperemos alcanzar lo prometido, porque es penetrante y no puede engañar, arrepintámonos de ofenderle, y temamos ofenderle en el futuro. En efecto, Él entiende nuestras voluntades, ve nuestros pensamientos y comprende nuestras intenciones. Sigue: “No hay para él criatura invisible” (Heb IV).

La mirada de Dios percibe lo lejano, porque está presente en todas partes, y lo secreto, porque está en todo, lo sutil, porque es perspicaz, y abarca lo más grande, porque todas las cosas existen en Él. A esto sigue dicendo: “todo está desnudo a su mirada” (ibid), porque en Él todas las cosas son “patentes” (ibid), porque Él mismo está en todo, se declara desnuda la creatura, desnuda la acción o el pensamiento o la intención humana.

Hay un ojo hacia fuera y no hacia dentro, como el ojo de carne; hay un ojo hacia algo de dentro y algo de fuera, como el ojo del corazón; y hay un ojo solo hacia dentro y no hacia fuera, como el ojo de Dios. La mirada de la carne ve solo el exterior de los cuerpos, y la mirada de la mente el exterior del corazón. La mirada de Dios ve lo interior.

La mirada del corazón es interior a la mirada de carne, pero exterior a la mirada de Dios. Y del mismo modo que la mirada de la carne no comprende lo que comprende la mirada del corazón, tampoco la mirada del corazón comprende lo que comprende la mirada de Dios; en cambio la mirada de Dios abarca lo que entiende la mirada del corazón.

Similiter aliquando ex bono desiderio mala cogitatio nascitur, ut nonnunquam pollutionem carnis abominando, turpitudinem carnalis concupiscentiae cogitare incipimus, et ex ipsa nostra cogitatione ad delectationem illicitam inflammamur, et quasi de puro fonte aqua manare incoeperat, sed paulatim defluens in sentinam turpitudinis ibat. Aliquando autem cogitationes et ex bonis desideriis prodeunt, et bona desideria gignunt, vel ex malis ortae similiter mala preferunt. In qua ambiguitate quia difficilius veritas discerni potest, bene post divisionem anima ac spiritus, id est carnalium et spiritualium voluntatum, divisio compagum, id est cogitationum bonarum et malarum, quasi perplexior et difficilior est posita. Postremo, quia discretio intentionum iis omnibus secretior esse cognoscitur, merito in extremo medullarum quoque divisio subditur. Haec autem omnia sermo Dei dijudicando penetrat, quia ille qui per sapientiam suam intus secreta nostra subtiliter intelligendo discernit, foris per doctrinam suam utiliter nos illuminando eadem intelligere facit. Quia igitur vivus est sermo Dei, credamus eum vera promittere; quia efficax est, speremus eum promissa perficere; quia penetrabilis est, et falli non potest, offendisse eum paeniteamus, et de reliquo timeamus offendere. Ipse enim et voluntates nostras intelligit, et cogitationes videt, et intentiones comprehendit. Sequitur: Non est ulla creatura invisibilis coram ipso (Hebr. IV). Oculus Dei et longinqua capit, quia ubique praesens est, et intima, quia in omnibus est, et subtilia, quia perspicax est, et maxima comprehendit, quia omnia in ipso sunt. Hoc prosequitur dicens : Omnia sunt in conspectu ejus nuda (ibid.), quia in ipso sunt omnia et aperta (ibid.), quia ipse est in omnibus, vel nuda creatura dicitur, nuda actio vel cogitatio, vel intentio humana. Quidam est oculus, qui foris est et non intus, sicut oculus carnis; quidam intus est ad aliquid, et ad aliquid foris, ut oculus cordis; et quidam oculus, qui intus est tantum et non foris, ut oculus Dei. Oculus carnis videt tantum extima corporum, et oculus mentis extima cordium. Oculus Dei intima videt. Oculus cordis ad oculum carnis intus est, ad oculum Dei foris. Et sicut oculus carnis non capit quae capit oculus cordis, sic oculus cordis non capit quae capit oculus Dei; sed oculus Dei capit quae capit oculus cordis.






20/11/2014 11:00:00