Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Inéditos: San Agustín

Que nuestro espíritu se ejercite en la oración.


De la carta de San Agustín a Proba.

No necesitamos desviar la atención a muchas cosas, preguntando qué hemos de pedir y temiendo que nuestra oración proceda indebidamente, sino que más bien hemos de repetir con el Salmo: Una cosa pedí al Señor, ésta reclamaré; que me permita habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida para poder contemplar el gozo de Dios y visitar su templo.

En aquella morada no se suman los días que llegan y pasan para componer una totalidad, ni el principio de uno es el fin de otro. Todos se dan simultáneamente y sin fin, pues no tiene fin aquella vida cuyos días son.

Para alcanzar esa vida bienaventurada nos enseñó a orar la misma y auténtica vida bienaventurada; pero no con largo hablar, como si se nos escuchase mejor cuanto más habladores fuéremos, ya que, como el mismo Señor dijo, oramos a aquel que conoce nuestras necesidades antes de que se las expongamos. Aunque el Señor nos haya prohibido el mucho hablar, puede causar extrañeza el que nos haya exhortado a orar, siendo así que conoce nuestras necesidades antes de que las expongamos.

Dijo en efecto: Es preciso orar siempre y no desfallecer, aduciendo el ejemplo de cierta viuda: a fuerza de interpelaciones se hizo escuchar por un juez inicuo, que, aunque no se dejaba mover por la justicia o la misericordia, se sintió abrumado por el cansancio. De ahí tomó Jesús pie para advertirnos que el Señor, justo y misericordioso, mientras oramos sin interrupción, nos ha de escuchar con absoluta certeza, pues un juez inicuo e impío no pudo resistir la continua insistencia de la viuda. También nos pone ante la vista cuán afable y de buen grado llenará los deseos buenos de aquellos que saben perdonar los pecados ajenos, cuando aquella que trató de vengarse llegó al lugar que apetecía.

Y aquel amigo que vino de camino y nada halló que poner a la mesa, obligó al huésped a ir a buscar tres panes prestados a casa de otro amigo, en los cuales tres se simboliza quizá la Trinidad en una sola substancia. El huésped encontró a su amigo ya acostado, con todos los siervos, pero le despertó, llamando con la mayor insistencia y molestia para que le diese los panes deseados. Y tuvo el amigo que dárselos más bien por librarse de la molestia que pensando en la benevolencia.

Ese ejemplo nos puso Cristo para que entendamos que, si el que está dormido y es despertado contra su voluntad por un pedigüeño se ve obligado a dar, con mayor benignidad nos satisfará el que no puede dormir y hasta nos despierta a nosotros cuando dormimos para que pidamos. Por eso se dice: Pedid, y recibiréis; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe, y el que busca encuentra, y a quien llama le abrirán. ¿Quién de vosotros, si su hijo le pide un pan, le dará una piedra, o, si le pide un pez, le dará una culebra, o, si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto mejor vuestro Padre celestial dará bienes a los que se los piden?

Lo hace, aunque sabe lo que necesitamos antes de pedírselo y puede mover nuestro ánimo. Esto puede causar extrañeza, si no entendemos que nuestro Dios y Señor no pretende que le mostremos nuestra voluntad, pues no puede desconocerla; pretende ejercitar con la oración nuestros deseos, y así prepara la capacidad para recibir lo que nos ha de dar.

Su don es muy grande, y nosotros somos menguados y estrechos para recibirlo. Por eso se nos dice: Dilataos para que vayáis llevando el yugo con los infieles. Mayor capacidad tendremos para recibir ese don tan grande, que ni el ojo lo vio, porque no es color; ni el oído lo oyó, porque tampoco es sonido; ni subió al corazón del hombre, porque es el corazón el que debe subir hasta él; tanto mayor capacidad tendremos, cuanto más fielmente lo creamos, más seguramente lo esperemos y más ardientemente lo deseemos.

(Carta 130, 8, 15. 17-9, 18)






05/01/2015 09:00:00