Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Inéditos: San Agustín 4

De Agone Christiano Liber Unus. PL 40. El combate cristiano (Obras de San Agustín BAC Tomo XII. Tratados Morales)


CAPÍTULO XX. El Verbo asumió al hombre en Cristo de otro modo que en los santos.

Hagamos oídos sordos también a los que dicen que la Sabiduría divina asumió al hombre, nacido de la Virgen, igual que cuando hace sabios a unos hombres que así son sabios perfectos. Desconocen el misterio propio de ese hombre asumido y piensan que solo tuvo de especial, respecto a los demás bienaventurados, el haber nacido de una Virgen. Si reparasen bien en ello, quizá creyeran que, si tuvo una dignidad sobre todos los demás, fue porque tal encarnación fue algo muy especial que no lo ha sido en los otros.

En efecto, una cosa es hacerse sabio por la Sabiduría de Dios y otra asumir la persona misma de la Sabiduría de Dios. Pues ¿quién hay que no entienda que, aunque la naturaleza del cuerpo de la Iglesia es única, existe una gran diferencia entre el cuerpo y la cabeza? Si la cabeza de la Iglesia es aquel hombre por cuya unión el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, sus miembros son todos los santos con los que se completa y perfecciona la Iglesia.

Pues, así como el alma anima y vivifica todo nuestro cuerpo, pero en la cabeza siente con la vista, el oído, el gusto, el olfato y el tacto, y, en los otros miembros, solo siente con el tacto, y, por eso, todos los sentidos están sujetos a la cabeza para obrar, pues ella fue colocada arriba para dirigir. Y, así, en cierto modo, la cabeza hace la veces del alma que dirige el cuerpo, y la cabeza es como la sede de la persona y, por eso, están en ella todos los sentidos, del mismo modo el Mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, es para todo el pueblo de los santos como la cabeza para el cuerpo.

Y, por tanto, la Sabiduría de Dios, el Verbo, que estaba en el principio y por quien fueron hechas todas las cosas, no asumió, así, a aquel hombre como a los demás santos, sino de modo mucho más excelente y sublime como a él solo convino asumirlo para que la Sabiduría apareciese en él como convenía que se manifestase visiblemente a los hombres.

Por lo que, de un modo son sabios todos los hombres que lo son, o lo fueron o lo serán, y de otro modo lo es el único Mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que no solo se beneficia de la Sabiduría, por la que se hacen sabios todos los hombres, sino que él mismo lo es en persona. Pues de las demás almas sabias o espirituales, con razón, puede decirse que tienen en sí al Verbo de Dios, por quien fueron hechas todas las cosas, pero de nadie puede decirse, con razón, que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, pues eso solo se puede decir, con plena razón, de nuestro Señor Jesucristo.

(De Agone Christiano Liber Unus. PL 40. El combate cristiano (Obras de San Agustín BAC Tomo XII. Tratados Morales)





20/11/2015 09:00:00