Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Inéditos: San Agustin 10

El Señor se dona al hombre en la misericordia


El Señor se dona al hombre en la misericordia

El Señor subió al cielo manifestándose en presencia de sus discípulos. Esto sabemos, esto creemos, esto declaramos. Hizo dones a los hombres. ¿Qué dones? El Espíritu Santo. El que da un tal don ¿de qué naturaleza es en persona? Grande, en efecto, es la misericordia de Dios; da un don igual a sí mismo, porque su don es el Espíritu Santo, y toda la Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo Dios. ¿Qué nos da el Espíritu Santo? Escucha al Apóstol: El amor de Dios —dice— ha sido derramado en nuestros corazones. ¿De qué te viene, oh mendicante, que el amor de Dios haya sido derramado en el corazón del hombre? Llevamos —dice— este tesoro en vasos de barro. ¿Por qué en vasos de barro? Para que se manifieste que una fuerza tan extraordinaria viene de Dios. En fin, después de haber dicho: El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones, para evitar que ninguno pensase que era de cosecha propia el amar a Dios, añadió de inmediato: por medio del Espíritu Santo, que nos ha sido dado. Por tanto, para que tú puedas amar a Dios, que Dios habite en ti y que se ame a sí mismo desde ti; es decir, que él te impulse, te encienda, le ilumine, te eleve a su amor (Sermón 128).

Escucha, pues, esto, y di con él: Piedad de mí, oh Dios, según tu gran misericordia. Quien suplica una gran misericordia, está confesando una gran miseria. Pueden pedir sólo un poco de tu misericordia los que pecaron sin saberlo. Está escrito: Piedad de mí, según tu gran misericordia. Cúrame de mi gran herida según la perfección de tu medicina. Grave es lo que padezco, pero me confío al Omnipotente. Debería desesperar de sanarme de esta tan mortal herida, si no encontrase un médico tan excelente. Ten piedad de mí, oh Dios, según tu gran misericordia; y por tu gran compasión borra mi culpa.

Las palabras “borra mi culpa” equivalen a piedad de mí, oh Dios. Y cuando dice por tu gran compasión, es como decir según tu gran misericordia. Porque grande es la misericordia y hay muchas clases de misericordia; y de tu gran misericordia derivan tus muchas misericordias. Observas a los que desprecian para corregirlos; observas a los ignorantes para enseñarles; observas a los que confiesan sus pecados para perdonarlos. ¿Que ha cometido un pecado por ignorancia? Uno que había hecho algunas cosas y había cometido muchos pecados dice: He alcanzado misericordia, pues por ignorancia los cometí cuando no creía. David no podría decir: Lo cometí por ignorancia. No ignoraba lo grande que era la gravedad del pecado de unirse con la esposa de otro hombre, y cuánta era la gravedad del homicidio del marido, que no estaba al tanto de lo que ocurría, y ni siquiera pudo enojarse por tal injusticia. Alcanzan, por tanto, la misericordia del Señor los que pecaron por ignorancia; y quienes lo hicieron a sabiendas, alcanzan no cualquier misericordia, sino la gran misericordia. Lávame más y más de mi injusticia. ¿Qué quiere decir: ¿Lávame más y más? Que estoy muy manchado.

Lava una y otra vez los pecados de quien pecaba a sabiendas, tú que lavaste los pecados de quien pecó por ignorancia. No se debe desesperar de tu misericordia. Y límpiame de mi delito. ¿Debido a qué méritos? Él es médico, ofrécele una recompensa; es Dios, ofrécele un sacrificio. ¿Qué darás para ser purificado? Debes fijarte en quién es el que invocas; invocas al justo: odia los pecados, si es justo; castiga los pecados, si es justo; no puedes apartar del Señor su justicia. Implora, por tanto, la misericordia, pero espérate justicia: es misericordia perdonar al pecador, es justicia castigar el pecado. ¿Y entonces qué? Tú buscas misericordia, ¿pero el pecado va a quedar impune? Que te responda David, que te respondan aquellos que han caído, respondan junto con David, para merecer misericordia como David, y digan: Señor, mi pecado no quedará impune; conozco la justicia de quien imploro la misericordia; no quedará impune el pecado, pero no quiero que tú me castigues, yo mismo voy a castigar mi pecado; por eso pido que lo perdones, ya que yo lo reconozco. Y los impíos volverán a ti. Tan llena está la riqueza de la misericordia, que ninguno de los que a ti se convierten debe desesperar, no sólo cualesquiera sean los pecadores, sino incluso los impíos. Y los impíos volverán a ti. ¿Tara qué? Para que creyendo en el que justifica al impío, les sea tenida en cuenta su fe para la justificación

(Com. al Salmo 50).






20/07/2016 18:00:00