Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Inéditos: San Ambrosio de Milán

Las unciones bautismales


Libro primero
I. La fe es previa al bautismo. Las unciones bautismales

1. Comienzo la catequesis de los sacramentos; catequesis que ya habéis recibido, pero que en su totalidad no podía ser explicada antes. La fe es el primer paso en la vida del cristiano. Por ello, en Roma, los que han sido bautizados son llamados también "fieles" y nuestro padre Abraham fue justificado por la fe, no por las obras. Por tanto, habéis recibido el bautismo, habéis recibido la fe. No me es lícito juzgarlo de otra manera, pues tú ni siquiera habrías sido llamado a la gracia si Cristo no te hubiese juzgado digno.

2. Por consiguiente, ¿qué hicimos el sábado? Sin duda, la apertura: se realizaron los misterios de la apertura cuando el obispo te tocó las orejas y la nariz. ¿Qué significa esto? En el Evangelio, nuestro Señor Jesucristo, cuando le presentaron un sordo-mudo, le tocó las orejas y la boca. Las orejas, porque era sordo; la boca, porque era mudo. Y dijo: "Effetha" (Mc 7,33). Es una palabra hebrea que en latín quiere decir adaperire («ábrete»). El obispo, pues, le tocó las orejas, para que sus oídos se abrieran a la palabra y al consejo del obispo.

3. Pero me preguntas: "¿Por qué la nariz?" Allí, en el Evangelio, le tocó la boca porque era mudo, a fin de que, ya que no podía hablar de los sacramentos celestiales, recibiera la voz de Cristo. Y allí, porque era un hombre; aquí, porque también son bautizadas las mujeres, y la pureza del sirviente no es tan grande como la del Señor -pues, cuando éste perdona los pecados, a aquel le son perdonados; ¿pueden ser comparados? -; por ello, en consideración al acto y al don, el obispo no toca la boca, sino la nariz. ¿Por qué la nariz? Para que recibas el buen olor de la piedad eterna y puedas decir: Somos el buen olor que Cristo ofrece a Dios (2 Co 2,15), tal como dijo el santo Apóstol, y haya en ti la plena fragancia de la fe y de la devoción.

III. Llegada o baptisterio. Las promesas

4. Llegamos a la fuente. Tú entraste; fuiste ungido. Piensa en lo que viste, piensa qué dijiste, recuérdalo atentamente. Sale al tu encuentro un levita, te acoge un sacerdote. Fuiste ungido como un atleta de Cristo, como si tuvieras que realizar una lucha contra este mundo. Hiciste profesión de combatir tu lucha. Quien lucha sabe lo que le espera: donde hay un combate, allí hay una corona. Luchas contra el mundo, pero eres coronado por Cristo, y eres coronado por los combates sostenidos contra este mundo. Porque, aunque el premio sea el cielo, aquí se encuentra el merecimiento del premio.

5. Cuando te preguntó: « ¿Renuncias al diablo y a sus obras?», ¿Que respondiste? «Sí. Renuncio." "¿Renuncias al mundo ya los sus placeres?» ¿Que respondiste? «Sí. Renuncio». Acuérdate de la palabra dada y no olvides nunca todos tus compromisos. Si entregas a alguien un documento firmado por ti, quedas obligado con él para poder recibir su dinero; tú permaneces atado, y el acreedor, en caso de que te resistas, te exige. Si protestas, te lleva ante un juez y allí se prueba tu falta con el documento de garantía que has firmado.

6. Piensa donde has hecho tus promesas o en aquellos a los que las has hecho. Viste un levita, pero es un ministro de Cristo. Tú lo viste ejercer su ministerio ante el altar. Por tanto, el documento firmado por ti no está guardado en la tierra, sino en el cielo. Piensa donde recibes los sacramentos celestiales. Si aquí se encuentra el cuerpo de Cristo, también están los ángeles. Donde está el cuerpo, allí se reúnen las águilas (Mt 24,28) has leído en el Evangelio. Donde está el cuerpo de Cristo, allí también está las águilas que suelen volar para rehuir lo terreno, y dirigirse hacia las cosas celestiales. ¿Por qué digo esto? Porque también los hombres que anuncian a Cristo son ángeles, y porque parece que sean admitidos en el lugar de los ángeles.

7. ¿De qué manera? Escucha. Juan Bautista era hijo de hombre y de mujer. No obstante, escucha como también él es un ángel: Yo envío delante de mí un ángel para que prepare el camino (Mt 11,10). Y escucha otra prueba. El profeta Malaquías dice que los labios del sacerdote custodian la ciencia y se reclama la ley de su boca, pues es un ángel del Dios todopoderoso (Ml 2,7). Se dice todo esto para que proclamamos la gloria del sacerdocio, no porque se atribuya algo a los nuestros méritos personales.

8. Por lo tanto, vas renunciar al mundo, vas a renunciar al siglo. No te despistes: aquel que debe dinero piensa siempre en su garantía. Y tú, que debes la fe en Cristo, conserva la fe, que es algo mucho más precioso que el dinero, porque la fe representa el patrimonio eterno; el dinero, el temporal. Y tú, recuerda siempre lo que has prometido: que serás más prudente. Si cumples tu promesa, tendrás también tu garantía.






20/05/2015 09:00:00