Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Inéditos: San Ambrosio de Milán 2

Efectos purificadores del agua


III. Entrada al baptisterio

9. Después te acercaste más, viste la fuente, viste también el obispo cerca de la fuente. Y no puedo poner en duda que tu espíritu no tuviera el mismo sentimiento que tuvo aquel Naamán de Siria, porque, a pesar de que fue purificado, antes dudó. ¿Por qué? Te lo diré, escucha.

10. Entraste, viste el agua, viste el obispo, viste el levita, Me temo que tal vez alguien debía decir: «Esto es todo?» Ciertamente, eso es todo; verdaderamente eso es todo, porque aquí se encuentra toda inocencia, toda piedad, toda gracia, toda santificación. Viste lo que podías ver con los ojos del cuerpo y con la mirada humana; no viste lo que ocurre, sino lo que se ve. Son mucho más grandes las cosas que no se ven que las que se ven, porque las cosas que vemos pasan, pero las que no vemos duran siempre (2 Co 4,18).

IV. Excelencia de los sacramentos cristianos

11. Por tanto, digamos en primer lugar -Guarda la garantía de mi palabra y exige-me-la-: «Admiramos los misterios de los judíos concedidos a nuestros padres; son excelentes, ante todo, por la antigüedad de los mismos sacramentos; después, por su santidad. »Yo os prometo que los sacramentos cristianos son más divinos y más antiguos que los de los judíos.

12. ¿Qué hay más extraordinario que el hecho de que el pueblo judío atravesara el mar, para poder hablar del bautismo? De momento, los judíos que pasaron murieron todos en el desierto. Por otra parte, el que pasa por esta fuente, es decir, de las cosas terrenas a las celestiales -pues esto es un tránsito, o sea la Pascua, es decir «el tránsito», el paso del pecado a la vida, de la culpa a la gracia, de la inmundicia en la santidad-, el que pasa por esta fuente no muere, sino que resucita.

V. Los efectos purificadores del agua

13. Naamán, pues, era leproso. Una esclava dice a su mujer: «Que mi señor, si quiere ser purificado, vaya a la tierra de Israel, y allí encontrará aquel que puede quitarle la lepra.» Ella habla así a su ama: la esposa, al marido; Naamán, el rey de Siria, el cual, como que lo tenía en gran estima, lo envió al rey de Israel. Este oyó decir que le había sido enviado a alguien para que le limpiara de la lepra, y rasgó su manto. Entonces el profeta Eliseo le dijo: «¿Qué es eso de rasgar el manto como si no existiera un dios poderoso para purificar un leproso? Envíamelo»Se lo envió. Al llegar, el profeta le dice: "Ve, baja en el Jordán, zambullete en él y serás curado.»

14. Él empezó a reflexionar ya decirse: «Esto es todo? He venido desde Siria y los hijos de la tierra de Judea me dicen: «Ve al Jordán, zambullete en él y serás curado?» Como si no hubiera ríos mejores en mi patria. »Sus sirvientes le dijeron:" Señor, por que no haces lo que ha dicho el profeta? Más bien hazlo y pruébalo. "Entonces él se fue al Jordán, se zambulló y salió curado.

15. ¿Qué significa, pues, esto? Viste el agua, pero no toda agua cura, sino que sana el agua que lleva la gracia de Cristo. Una cosa es el elemento; otra, la consagración; una, el acto; otra, el resultado. El acto es propio del agua; el resultado lo es del Espíritu Santo. El agua no sana si el Espíritu Santo no ha descendido y no ha consagrado esa agua, tai como has leído que cuando nuestro Señor Jesucristo, al instituir el rito del bautismo, vino a Juan, y Juan le dijo: «Soy yo el que necesito que tú me laves. ¿Cómo es que tú vienes a mí? ». Jesús le respondió: «Déjame hacer ahora. Conviene que cumplamos así todo lo que Dios quiere "(Mt 3,14-15). Observa como toda la justicia ha estado centrada en el bautismo.

16. Así, ¿por qué Cristo descendió al Jordán si no fue porque esta carne fuera purificada, carne que tomó nuestra condición? No le era necesario, de hecho, a Cristo la purificación de sus pecados, él que no cometió pecado (1 Pe 2,22), sino que nos era necesaria a nosotros, nosotros que permanecemos sujetos al pecado. En consecuencia, si el bautismo es para nosotros, para nosotros fue instituido el rito: este rito fue propuesto en nuestra fe.

17. Cristo descendió. Juan eslava de pie bautizando, y he aquí que el Espíritu Santo descendió en forma de paloma. "No bajó una paloma, sino como una paloma. Recuerda lo que he dicho. Cristo tomó la carne no como carne, sino la realidad de esta carne. Pero el Espíritu Santo bajó del cielo en forma de paloma, no en la realidad de paloma sino en la apariencia de una paloma. Así pues, Juan lo vio y creyó.

18. Descendió Cristo, bajó también el Espíritu Santo. ¿Por qué Cristo descendió primero, luego el Espíritu Santo, cuando el rito y la práctica del bautismo conllevan que, antes, la fuente sea consagrada y que, después, descienda el que ha de ser bautizado? En efecto, en cuanto entra el obispo, hace el exorcismo de acuerdo con la criatura que es el agua; después, la invocación y la oración para que la fuente sea santificada y haya la presencia de la Trinidad eterna. Cristo, sin embargo, descendió antes; le siguió el Espíritu Santo. ¿Por qué razón? Para que no parezca como si el Señor Jesús necesitara del misterio de la santificación, sino que él era quien santificaba, y junto con él el Espíritu también santificaba.

19. Por lo tanto, Cristo descendió al agua y el Espíritu Santo se bajó en forma de paloma. Dios Padre también habla desde el cielo. Aquí tienes la presencia de la Trinidad.
 
(San Ambrosio de Milán. Los Sacramentos. Libro I) 





20/06/2015 09:00:00