Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Jesús es el rostro misericordioso del Padre

Misericordiae vultus


Jesús es el rostro misericordioso del Padre

"2. Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado.“ (Misericordiae Vultus. Papa Francisco)


Debemos purificar las concepciones humanas del amor a menudo tan distintas del misterio del amor divino que siempre pasa por la cruz.

La palabra amor designa cosas muy distintas, carnales, espirituales, pensadas, pasionales. Se ama una cosa agradable, un amigo. Y en todo esto, a menudo, se mezcla el pecado. El Cantar de los cantares es testigo de sentimientos de todas clases. En muchos casos el amor manifiesta una gran coloración afectiva. Manifiesta espontaneidad generosa. De hecho estamos ante una experiencia densa y concreta.

Ahora bien ¿qué relación existe entre el amor de Dios y el amor de los hombres? Podemos destacar dos extremos opuestos: relegar el amor de Dios a una esfera inaccesible, de máxima distancia, o bien profanar el amor de Dios convirtiéndolo en algo totalmente humano.

I. Diálogo de amor entre Dios y el hombre

En el Antiguo testamento vemos el amor de Dios a través de la bondad con la que hablaba a Adán y Eva. Dios establece diálogo con ellos. Cuando Adán renuncia al amor de Dios como don, los quiere por sí mismos. Peca, y Dios restablece este amor que se transformará en misericordia con el pecador.

1. Amigos y confidentes.

El amor de Dios es llegar a la intimidad con él. (Is 41,8) “Pero tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien yo escogí, descendencia de Abraham mi amigo. 9 Porque te tomé de los confines de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché. 10 No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.

Abraham es confidente de sus secretos. Pero debe llegar hasta la cruz que es sacrificar a su hijo. También Moisés es desgarrado por el amor. Dividido entre Dios a quien es fiel y al pueblo pecador. (Ex 34,6) “Aparición del Señor a Moisés. 6 El Señor pasó delante de él y exclamó: «El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad. 7 El mantiene su amor a lo largo de mil generaciones y perdona la culpa, la rebeldía y el pecado; sin embargo, no los deja impunes, sino que castiga la culpa de los padres en los hijos y en los nietos, hasta la tercera y cuarta generación. 8 Moisés cayó de rodillas y se postró, 9 diciendo: «Si realmente me has brindado tu amistad, dígnate, Señor, ir en medio de nosotros. Es verdad que este es un pueblo obstinado, pero perdona nuestra culpa y nuestro pecado, y conviértenos en tu herencia».

2. Los profetas experimentan el amor personal de Dios.

Pero este amor a veces los desgarra por dentro. (Jr 20.7)  “¡Tú me has seducido, Señor, y yo me dejé seducir! ¡Me has forzado y has prevalecido! Soy motivo de risa todo el día, todos se burlan de mí.” Otras veces los llena de gozo. Oseas nos revela a un Dios esposo de Israel. (Os 11, 1) “Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. 2 Pero cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí; ofrecían sacrificios a los Baales y quemaban incienso a los ídolos. 3 ¡Y yo había enseñado a caminar a Efraím, lo tomaba por los brazos! Pero ellos no reconocieron que yo los cuidaba. 4 Yo los atraía con lazos humanos, con ataduras de amor; era para ellos como los que alzan a una criatura contra sus mejillas, me inclinaba hacia él y le daba de comer. 5 Efraím volverá a Egipto y Asiria será su rey, porque rehusaron volver a mí.”
Un amor que es más fuerte que el pecado aunque se deba sufrir. La escritura nos recuerda siempre que el amor de Dios es mejor que encontró a los ídolos, y que es un don gratuito.

3. Hacia un dialogo personal.

Avanzando la historia de la salvación, descubrimos que el amor de Dios se dirige al corazón de cada uno, y especialmente a quien es pobre y pequeño. Pero este amor con frecuencia debe probarse frente al ejemplo y a la presión de los impíos. Y puede llegar hasta el martirio.

4. En el nuevo testamento el amor de Dios se expresaba en un hecho único:

Jesús viene a vivir cómo Dios entre nosotros. (Rom 8, 31) “¿Qué diremos después de todo esto? Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? 32 El que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿no nos concederá con él toda clase de favores? 33 ¿Quién podrá acusar a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica. 34 ¿Quién se atreverá a condenarlos? ¿Será acaso Jesucristo, el que murió, más aún, el que resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros? 35 ¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada? 36 Como dice la Escritura: Por tu causa somos entregados continuamente a la muerte; se nos considera como a ovejas destinadas al matadero. 37 Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos amó. 38 Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, 39 ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.”


"1. Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra. Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret. El Padre, « rico en misericordia » (Ef 2,4), después de haber revelado su nombre a Moisés como « Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, y pródigo en amor y fidelidad » (Ex 34,6) no ha cesado de dar a conocer en varios modos y en tantos momentos de la historia su naturaleza divina. En la « plenitud del tiempo » (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien lo ve a Él ve al Padre (cfr Jn 14,9). Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona [1] revela la misericordia de Dios." (Misericordiae vultus. Papa Francisco)

1. Jesús es el don del Padre.

Manifiesta su amor. Le da a conocer. El amor del pare se expresa en una alianza. El don de Dios llega a su colmo en un don sin medida. Y es llevado al extremo con la muerte del hijo. Sólo así el mundo logra la vida. (Rom 5, 8) “Difícilmente se encuentra alguien que dé su vida por un hombre justo; tal vez alguno sea capaz de morir por un bienhechor. 8 Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores.

2. El amor perfecto es revelado en Jesús a través de su persona.

En su persona misma el hombre ama a Dios y es amado por él. A) La vida entera de Jesús manifiesta este doble diálogo. Dado al Padre por completo vive en oración y en acción de gracias al Padre y vive mirando a los hombres y dándose a Dios como amigo. Y no sólo a los amigos sino a todos. Con desinterés total. (Mc 10,45) “el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. 45 Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por todos». Y especialmente a los más despreciados e indignos. Amándole a Él se ama al Padre. Escoge los que quiere y los hace amigos. (Jn 15,15) “Ya no los llamo siervos, porque el siervo ignora lo que hace su señor; yo os llamo amigos, porque os he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No sois vosotros quienes me habéis elegido, soy yo quien os elegí a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y ese fruto sea duradero.

3. En la cruz revela el amor su forma definitiva.

Se revela la obediencia, totalmente libre. (Fli 2,8) “se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. 9 Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre. “Así llega Jesús al más grande amor. En la radical soledad humana, se da del todo sin reserva. Por la cruz Dios es plenamente glorificado. (Jn 17,4) El escándalo de la cruz es el escándalo del amor.

4. El amor universal en el Espíritu.

El amor de Dios no es cuestión de un encuentro físico ni de un razonamiento humano. No viene de “la carne” sino que es necesario el don del espíritu y un corazón nuevo. (2 Cor, 5, 16) “él murió por todos, a fin de que los que viven no vivan más para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

El Espíritu permite comprender desde dentro. Todos necesitamos del espíritu para poder decir “Padre”. (Rom 8, 15) “no habéis recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios “Padre”. El mismo espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Si somos hijos, también somos herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo, porque sufrimos con él para ser glorificados con el.” Un amor del que nadie nos podrá separar (Rom 8, 35) 5.

En conclusión Dios es amor. El amor de Dios tiene por fuente el amor eterno del Padre y del Hijo, que es también amor del espíritu.






05/11/2015 09:00:00