Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Jesucristo, vida verdadera

"Yo SOY LA VIDA"


La vida, que el hombre persigue con una esperanza infatigable, un don sagrado en el que Dios hace brillar su misterio y su generosidad. Dios es el Dios “viviente”. Invocar «al Dios viviente» o presentarse como el «servidor del Dios viviente» es no sólo proclamar que el Dios de Israel es, sino también darle uno de los nombres que más estima.

La vida es cosa preciosa que aparece en las últimas etapas de la creación para coronarla. Pero la vida es cosa frágil. Todos los seres vivos, sin excluir al hombre, poseen la vida sólo a título precario. Están por naturaleza sujetos a la muerte. En efecto, esta vida depende de la respiración, es decir, de un soplo frágil, independiente de la voluntad y que una cosilla de nada es capaz de extinguir. La vida es cosa que viene de Dios, pero el hálito del hombre viene de Dios en forma muy especial: para hacerlo alma viva insufló Dios en sus narices un soplo de vida que vuelve a retirar en el instante de la muerte.

Dios promete la vida. Dios, «que no se complace en la muerte de nadie», no había creado al hombre para dejarlo morir, sino para que viviera por eso le había destinado el paraíso terrenal. Aun después de haber debido vedar el acceso al árbol de vida al hombre pecador, que pensaba hallarlo por sus propias fuerzas, no renuncia Dios a garantizar al hombre la vida.

Dios es fuente de vida. Esta vida, aun cuando se vive enteramente en la tierra, no se nutre, sin embargo, en primer lugar, de los bienes de la tierra, sino de la adhesión a Dios. Él es «la fuente de agua viva» y «su amor vale más que la vida». Más que de la vida dichosa en su tierra hizo Israel pecador la experiencia de la muerte, pero desde el seno mismo de la muerte descubre que Dios persiste en llamarlo a la vida. Desde el fondo del exilio proclama Ezequiel que Dios «no se complace en la muerte del malvado», sino que lo llama a vivir.

Jesucristo afirma de Sí mismo “Yo SOY LA VIDA”. Con la venida del Salvador las promesas se convierten en realidad. Jesús anuncia la vida. Para Jesús es la vida cosa preciosa, «más que el alimento» «salvar una vida» prevalece incluso sobre el sábado porque «Dios no es un Dios de muertos sino de vivos». Él mismo cura y devuelve la vida, como si no pudiera tolerar la presencia de la muerte: si hubiera estado allí, Lázaro no habría muerto (Jn 11,15.21). Él aporta la vida que no muere, la «vida eterna», hasta se puede decir que es «la vida» a secas. Cristo, Verbo eterno, poseía la vida desde toda la eternidad. Encarnado, es «el Verbo de vida» que dispone de la vida en plena propiedad y la da con superabundancia a todos los que le ha dado su Padre.

Él es «el camino, la verdad y la vida» (14,6), «la resurrección y la vida» (11,25). Jesucristo, príncipe de la vida. Lo que Jesús pide lo hace él el primero; lo que anuncia, lo da. Libremente, por amor del Padre y de los suyos, como el Buen pastor por sus ovejas, «da su vida». Jesucristo, muerto y resucitado, es «el príncipe de la vida»

A nosotros nos llama Dios a “Vivir en Cristo”. Este paso de la muerte a la vida se repite en quien cree en Cristo y, «bautizado en su muerte» «vive en adelante para Dios en Cristo Jesús». Su «vida está escondida con Cristo en Dios» (Col 3,3), el Dios vivo cuyo Vida templo es (2Cor 6,16). No está ya sometido a la sujeción de la carne; puede atravesar indemne la muerte y vivir para siempre no ya para sí mismo, sino para aquél que ha muerto y resucitado» por él.

Así la muerte es absorbida por la vida. Ya en esta tierra, cuanto mayor participación tiene el cristiano en la muerte de Cristo y cuanto más lleva en sí sus sufrimientos, tanto más manifiesta su vida aun en su cuerpo. Esta vida no tendrá, sin embargo, toda su perfección sino el día en que también el cuerpo resucite glorioso. Entonces todo quedará plenamente sometido a Dios, que «será todo en todos». Será un nuevo paraíso, donde los santos gustarán para siempre la vida misma de Dios en Cristo Jesús.






29/12/2016 09:00:00