Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

La belleza y la amistad son gratuitas

La contemplación de la belleza y la amistad son dos actitudes personales muy necesarias


“Tampoco se puede reducir el amor a un acto o una serie de actos, que es lo que sugiere el uso del verbo 'amar'; el amor es primariamente una instalación, en la cual se está y desde la cual se ejecutan actos -entre ellos, los específicamente de amor-; con otras palabras, cuando se está instalado en el amor, desde él se hacen muchas cosas, una de ellas amar.

Esto lo expresa admirablemente nuestra lengua -y otras, pero no todas- con las palabras 'enamorarse', 'enamorado', 'enamoramiento', en todas las cuales aparece reveladoramente el 'en' que indica la instalación. Aunque gramaticalmente el verbo 'enamorar' parece primario, y 'enamorarse' solo su uso reflexivo, en realidad es al revés: enamorarse es el sentido fuerte y original, y enamorar es únicamente lo que se hace para que alguien se enamore.

Por otra parte, la palabra 'enamoramiento' significa dos cosas: a) el proceso por el cual alguien llega a enamorarse; b) el estado o situación del que está enamorado; el interés psicológico de lo primero ha hecho que se le preste particular atención, pero sin duda lo más importante es lo segundo: el término del proceso de enamoramiento, aquel estado a que se llega y donde uno se queda y permanece: precisamente lo que llamo instalación”. (Julián Marías., Antropología metafísica., Ediciones Revista de Occidente. Madrid) “

La razón es que mi vida acontece en forma de convivencia; es la forma concreta que presenta, en una de sus dimensiones, su circunstancialidad; en mi vida encuentro otras vidas. Me descubro como un yo, no primariamente, sino frente a un tú (secundariamente un él o una ella); y este es el primer sentido de la expresión «mi vida». Pero lo que aquí me interesa más es el carácter disyuntivo (mi vida o la tuya o la suya, ésta o ésta o ésta), que lleva a una nueva noción: «la vida». No digamos todavía «la vida en general», porque no se trata aún de un universal, especie o género.

Mi vida, la realidad radical, me aparece como esta vida concreta, disyunción circunstancial de la vida, que es la vida de cada cual. Si se quiere hablar de universales, habrá que decir que es un planteamiento nuevo de este problema, que en modo alguno se reduce al tradicional (individuos y géneros o especies).

La convivencia es intrínseca a mi vida, ya que el mundo humano es social, compuesto de interpretaciones, y en mi vida se da ya una referencia a otras vidas, y por tanto a la vida en general. Pero adviértase que esta no tiene ningún sentido primario, y que es absolutamente impensable sin la intuición de mi vida”. (Julián Marías., Antropología metafísica., Ediciones Revista de Occidente. Madrid) 

"Paralelamente, si se prescinde de la esencia del hombre, no cabe hablar de moral — de las acciones y de las virtudes —. Conviene añadir que, según Aristóteles, las virtudes residen en el término medio. Maimónides alega que para algunas virtudes no hay término medio. Un ejemplo es la humildad: nunca se es suficientemente humilde. La humildad viene a ser la actitud virtuosa humana en orden a Dios, o sea, lo que en la moral se acerca más a lo trascendental.

Sin embargo, lo más característico del hombre como ser personal no es tanto la humildad sino la asimilación adverbial al Hijo. ¿Ser hijo de Dios tiene significado moral? Sí: comportarse como hijo. La filiación tiene un sentido trascendental -aceptar y dar-, y un sentido moral, en tanto que el comportamiento filial es de orden esencial”. Leonardo Polo., La antropología trascendental. Eunsa. (Pamplona)






23/10/2014 09:00:00