Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

La fe es un acto libre

Sólo creemos si queremos


Creer es un acto sobrenatural, libre y razonable. Sobrenatural, porque sobrepasa el orden natural o normal de las cosas cotidianas, y supone la ayuda gratuita e interior de Dios en nuestro corazón. Libre, porque la aceptación de la fe, en ella misma, es voluntaria y personal, fruto de una decisión responsable. Razonable, porque el acto de fe, como todo acto humano, está fundamentado y movido por unos motivos proporcionados.

Justamente el elemento objetivo de la fe es aquello que está ausente, que no se hace evidente por sí mismo, aquello que todavía no es asequible por el pensamiento, y por eso es motivo de esperanza. Pero, por otro lado, el elemento objetivo no es el único. Hay un elemento personal, subjetivo, que permite que el creyente tenga esta realidad objetiva no evidente como totalmente cierta.

Sólo creemos si queremos. La fe no es el resultado de una argumentación teórica. No es la conclusión de unas premisas anteriores. En una habitación iluminada; y aunque haya luz, si no quiero abrir los ojos, no veré nada. Pero también es cierto que si no hay alguien que sepa, no podrá haber nadie que crea.

Si abro mucho los ojos pero no hay luz tampoco puedo ver. Esta es la fuerza del testimonio. Es mejor ver por uno mismo que ver a través de otro; pero es mejor creer en otro que sabe, que no ver nada. Cuando un amigo da testimonio de un hecho que nosotros no hemos presenciado, tenemos acceso indirecto a esos hechos, tenemos un conocimiento de aquello que se nos explica. Siempre será mejor saber de esta forma que no saber nada.

La fe nos sitúa en medio del ver que aún no poseemos y del no ver nada. De ahí que a los testigos de la fe siempre les pedimos que sepan, es decir, que ellos hayan visto, y que no nos mientan. Si hemos de escoger entre escuchar y no ver nada, es mejor escuchar. De aquí que la fe entre por el oído, por escuchar atentamente a aquellos que nos transmiten la verdad de Dios. Hesíodo decía que ser sabio con la cabeza de otro es menos que ser sabio por uno mismo; pero es infinitamente de más peso que, por orgullo, no querer depender de aquel que realmente sabe y, al mismo tiempo, menospreciar a aquella persona que cree.

En teología se denominan preámbulos de la fe aquellos presupuestos que, aunque no forman parte de la fe estrictamente hablando, son necesarios para poder creer: la inmortalidad del alma, la certeza de la existencia de Dios, la seguridad de que los testigos no nos engañan.

Con frecuencia se ha dicho que creer es un salto en el vacío. Y lo es en un sentido de confianza y entrega. Pero no es el vacío total, sino un salto a las manos de Dios Soberano y Misterioso. Y por otro lado, hay suficiente fundamento, suficientes razones para que el salto no sea un contrasentido o un hecho inhumano. La fe puede superar la razón, pero no la contradice.






22/10/2015 09:07:00