Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

La fe es un regalo

La fe la constituyen cuatro actos interiores


Jesús declara a Pedro que esta Revelación no le ha venido «de la carne ni de la sangre, sino de mi Padre que está en los cielos» (Mt 16, 17). La fe es una gracia, un don de Dios, una virtud sobrenatural infundida por Él, pero es también un acto humano. No es contrario a la libertad ni a la inteligencia del hombre depositar la confianza en Dios y adherirse a las verdades por Él reveladas.

El motivo de creer no radica en el hecho de que las verdades reveladas aparezcan como verdaderas e inteligibles a la luz de nuestra razón natural; no obstante, la fe es cierta, y más cierta que todo conocimiento humano, porque se funda en la Palabra misma de Dios.

Ahora bien, para poder ser humana, la respuesta de la fe que el hombre da a Dios ha de ser voluntaria» (CIC n.153-160). Esta capacidad de aceptar las cosas no tanto porque las descubrimos evidentes, sino porque sabemos que son buenas, implica un acto de la voluntad en el cual encontramos cuatro momentos.

Si hiciésemos una radiografía del acto de fe podríamos señalar estos cuatro momentos aunque su distinción sea fruto de un análisis racional del acto de fe, un acto que se da en realidad de un modo totalizador e inmediato.

En primer lugar, la propuesta por parte de Dios, es decir, la Revelación.
En segundo lugar, la buena voluntad por nuestra parte, es decir, una actitud de acogida y apertura a su acción. En las cosas de la fe, hay luz suficiente para aquellos que la desean, y también suficiente oscuridad para aquellos que no la desean.
En tercer lugar, el don de Dios, que es una atracción por medio de la cual Dios mismo ilumina la inteligencia y mueve la voluntad para buscarlo como nuestro bien total.
Y, por último, el hombre se siente inclinado a creer todo aceptando unas señales que puede ser que en principio viese oscuras, pero que ahora le parecen suficientes para iniciar el camino del asentimiento.

La razón, guiada por la fe, cuando busca cuidadosamente, encuentra, por don de Dios, algún conocimiento, y muy fructífero, de los misterios. Esto sucede, en ocasiones, por semejanza de aquellos que ya conocemos naturalmente, en ocasiones por la conexión que hay entre los mismos misterios. Pero nunca está totalmente preparada para entenderlos del todo, ya que los misterios, por su propia naturaleza, sobrepasan nuestro entendimiento, ya que aunque son revelados, permanecen encubiertos en el asentimiento de fe y envueltos en una cierta oscuridad. «Sabemos que mientras vivimos, como emigrantes en el cuerpo, nos encontraremos lejos del Señor; ya que vivimos en la fe, no en la visión» (2 Co 5, 6)". (Constitución De Fide Católica, c.4)






15/10/2015 09:03:00