Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

La intimidad personal


Hay otras características personales, que han venido a llamarse “trascendentales personales” y que vendrían constituidas por aquellas características que son debidas a la persona por su mismo arraigo en el ser.

Entre ellos podemos citar la intimidad, por la que toda persona permanece estable en su mundo interior, este lugar sagrado que siempre está “detrás” de su actividad. Comprendemos lo que una persona hace, dice o piensa, pero el ser personal es el propietario de esta actividad desde un espacio anterior que posee nombre propio y destino eterno. Este espacio personal anterior e interior de toda actividad personal, este estar “dentro” y “detrás” de toda manifestación puede llamarse intimidad o vida interior desde el que toda persona puede darse a los demás por el dialogo personal, la confidencia o las demás relaciones interpersonales.

El desarrollo de estos trascendentales personales plantea verdaderamente la necesidad y conveniencia de trasladar el debate antropológico hacia la zona metafísica y espiritual en la que ciertamente encuentra toda persona su auténtica y más fundamental constitución.

La unidad metafísica de la persona humana nos muestra la tendencia existencial hacia la unidad y la armonía psíquica. La multitud de acciones u operaciones personales reclama un esfuerzo que hagan converger distintos niveles vitales de modo que la armonía psíquica puede plantearse como un verdadero objetivo a conseguir.

En primer lugar, hace falta que la persona esté reconciliada con su inconsciente, que aun siendo muy importante no es tan hegemónico como se piensa. La persona convive y se desarrolla con muchos elementos biológicos, genéticos, psicológicos, cognitivos, afectivos, educativos y culturales. Todos estos estímulos condicionan nuestro ser y nuestro actuar, pero queda lugar para la armonía entre el inconsciente y la vida consciente. En muchos casos se trata de una armonía imperfecta y dependiente del grado de control que nuestra libertad ejerce sobre las tendencias y sentimientos.

Existen opiniones que aconsejan sin mesura un mero control técnico o clínico sobre el inconsciente, aunque normalmente esta solución puramente técnica no es suficiente para conseguir una verdadera armonía personal. Tampoco parece aconsejable un imperio despótico de la razón abstracta y de la voluntad dominadora sobre las tendencias inferiores. Aunque no hay duda de que la armonía y la unidad personal precisan del esfuerzo de la voluntad, deberíamos alejarnos de los modelos rigoristas del puro cumplimiento del deber.

Este esquema, propio de las ideologías de otro tiempo, primero diseñaban el hombre y la sociedad en la que debería vivir y luego coaccionaban los datos para que pudiesen entrar en los esquemas preconcebidos. No hay que olvidar que la salud personal precisa de convencimientos y motivaciones interiores para poder conseguir la armonía necesaria. No existe unidad personal sin tener en cuenta el ritmo y la oportunidad en los que se ejerce la libertad humana y prever su propia debilidad y fragilidad.

El humanismo es un camino permanentemente válido para conseguir la armonía psíquica tan deseada ya que implica todo un programa de educación de la voluntad, los sentimientos y las tendencias. Habrá que aceptar que, a menudo, la armonía no se da o se da en un grado inferior al deseado. La razón es la facultad personal que debe encargarse de señalar el objetivo común a las tendencias inferiores.

Poco a poco y gradualmente, a través de la costumbre y los hábitos, podemos educar nuestras tendencias para que puedan servir al objetivo que nuestra libertad decide. Este gobierno de la razón no es despótico sino ético, ya que evitando los excesos, busca el punto medio en el cual se halla la virtud.

La ética es, pues, el mejor camino y el más humano para armonizar y optimizar nuestras tendencias, a la vez que nos propone redescubrir la belleza de modelar nuestra propia conducta. Que cada persona desarrolle su propio perfeccionamiento es una digna tarea que reserva a las personas un campo maravilloso de crecimiento personal y armónico.






25/06/2015 09:00:00