Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Los que huelen mal

"Mujeres del tercer día". Extraxto del tema de Reflexión del consejo nacional de A.N.F.E


"Hemos de sumergirnos del todo en la amistad, lo mismo que en Dios, para volver a emprender el camino con una fuerza y potencia nuevas, hacia los hombres, hacia el mundo de ahora: 'no permitas que se pierda nada del amor'. Tenemos la necesidad o, mejor, la exigencia clamorosa de expresar la amistad. Toda vida nace de la liberación en profundidad de nuestras fuerzas afectivas; tratar de vivificarlas, de hacerlas más profundas, de alimentarlas, es prepararse al encuentro definitivo con Dios" (J.M. Rambla).

Este mes, al hilo de las enseñanzas del Papa Francisco, ponemos nuestra mirada en Lázaro (Jn 11, 32-46).

Escucharemos lo que Jesús hace en él, y lo que nos invita a hacer a nosotras. Jesús va a abrazar la pérdida de Lázaro hasta el fondo; y cuando el dolor y la pérdida se abrazan, dejan de ser nuestros enemigos. "Profundamente emocionado, se acercó más al sepulcro" (v. 38) que un día acogería también su cuerpo. Recorrió así el camino que después recorrerían las mujeres tras su muerte.

"Marta, la hermana del difunto, le dice: 'Señor, tiene que oler muy mal, porque ya hace cuatro días que fue enterrado'. Jesús le contestó: '¿No te he dicho que si tienes fe verás la gloria de Dios ?" (vv. 39-40). Para ver la gloria de Dios hay que ir a los lugares que "huelen mal", que espantan, y no salir corriendo.

Hay que atreverse, poco a poco, a bajar en nosotras allí donde el olor no nos deja pasar, y esperar el aroma inesperado que desde el amor invadirá toda la casa (=toda nuestra vida). Los lugares que huelen mal atraen a Jesús. Porque el leproso al que quiso tocar expresamente también olía muy mal, y olía mal el hijo que regresaba a la casa del padre de estar junto a los cerdos.
La gloria de Dios pasa por esos malos olores; y necesitamos ir allí para poder verla.

Lázaro representa nuestro mundo herido de muerte, enfermo. Representa esa humanidad ante la que Jesús nos conduce para tender nuestras manos. Las personas tienen muchas zonas de su vida necrosadas, atrapadas en los sepulcros, y Jesús nos envía a liberar, a desatar vendas... a poner en pie.

"Una auténtica fe -que nunca es cómoda e individualista- siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra." (EG, 183).

Es una realidad que no puede pasar desapercibida en nuestras vidas: "Nuestro amigo Lázaro está dormido; voy a despertarlo" (v. 11). Las fuentes de la alegría, las fuentes de la confianza, del agradecimiento en el mundo y en nosotras...; esas fuentes no están muertas, están dormidas; y nos toca despertarlas con la voz, con los gestos, con las miradas.

Ante Lázaro, Jesús llora. Es como si algo se rompiera en él. Contemplamos a Jesús profundamente humano y vulnerable.

El primer paso es remover la piedra. Quien yace tras la piedra está cerrado a cualquier tipo de relación. Cuando la piedra es removida, Jesús ora y dice: "¡Lazaro, sal fuera!" (v. 34). Él llama a su amigo, y sus palabras de amistad y amor van dentro de la cueva a levantarlo, lo despiertan y le instan a salir del sepulcro andando. Las palabras de amistad de Jesús nos alcanzan. Dicen que "el gran dolor de los pobres consiste en que nadie tiene necesidad de su amistad".

Son las palabras del amigo las que nos enriquecen y levantan. Lázaro sale afuera: "sus pies y sus manos estaban atados con vendas, y su rostro envuelto en un sudario" (Jn 11, 44).

No es libre todavía, está sujeto por las vendas. Algunas ligaduras pueden ser bloqueos internos, depen¬dencias, miedos, inseguridades. El rostro de Lázaro está tapado, oculto tras una máscara, no se le puede ver. La vuelta a la vida culmina cuando Lázaro está libre de ataduras y puede caminar: se le puede ver con claridad, y él puede mirar con claridad.

Despertar, caminar hacia la vida, significa ayudar a vivir conscientemente con los ojos abiertos, sin máscaras ni cadenas. "Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos" (EG, 183).

Nos ponemos junto a Jesús, con Marta y Lázaro, y acogemos sus constantes invitaciones a afirmar la vida, a posibilitarla en otros, a dejarla acontecer en nosotras en todos sus registros. Pedimos conocimiento interno del Señor, para poder amarle y servirle más despiertas.

¿Qué "Lázaros" me duelen y ocupan mi corazón? ¿Qué rostros llevo ante Jesús? ¿Por quienes intercedo? ¿A quiénes pongo "voz y rostro" en mi oración? ¿Mi compromiso cristiano me lleva a anunciar la amistad con Dios a lugares que "huelen mal"? ¿Que "vendas" desato en la vida de los demás?

(Extracto de “Mujeres del tercer día”, el tema de Reflexión para adoradoras del Consejo Nacional de A.N.F.E de Mayo de 2015)






02/07/2015 09:00:00