Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

No todo instinto es natural

No todo instinto es natural. Es menor definir lo natural según per perfeccionamniento propio de la naturaleza humana


Todas las tendencias humanas manifiestan una gran plasticidad y adaptación por el hecho de ser operaciones vitales. Donde mejor apreciamos este hecho vital de nuestras tendencias es en el deseo o apetito sensible, ya que el deseo de todo ser vivo reside en la tendencia a la propia perfección. Como afirma santo Tomás: “Todos los seres naturales están inclinados a lo que les conviene, pues hay en ellos cierto principio de inclinación por el que su inclinación es natural”.

Los vivientes que tienen conocimiento tienen un apetito llamado elícito ya que su inclinación sigue al conocimiento de aquellos bienes que previamente se han conocido. Por otro lado el deseo suele distinguirse entre deseo sensible o intelectual.

Se abre aquí una cuestión de sumo interés: la de saber hasta qué punto nuestras actuaciones son debidas al instinto o al aprendizaje. Llamamos instintivas a aquellas inclinaciones hacia un bien útil captado sensiblemente. Como muy bien define Vicente Arregui y Choza, en su Filosofía del hombre , instinto es “la mediación cognoscitiva e impulso-motora de las funciones vegetativas básicas, es decir, la autoconservación y la reproducción”.

El instinto es una tendencia compleja en la que intervienen funciones locomotoras y cognoscitivas. Es una tendencia innata que destacamos con claridad de los comportamientos posteriores, que son debidos normalmente a la educación o a la imitación y que suelen ser posteriores al instinto y a menudo fundamentados en él. Las conductas instintivas son específicas, es decir, determinan lo que tienen en común los individuos de cada especie; son estables en cuanto que definen conductas permanentes o difícilmente modificables y sobre todo, son automáticas, en cuanto que el animal cuando actúa instintivamente lo hace sin el conocimiento reflexivo de la finalidad del propio instinto.

Las tendencias sensibles se dividen en deseos e impulsos. Los deseos o apetitos concupiscibles están constituidos por la captación de valores que se dan en un presente inmediato, mientras que los impulsos o apetitos irascibles están constituidos por la captación de valores ocurridos en el pasado o previstos en el futuro gracias a la sensibilidad interna. Es curioso advertir como la gratificación del deseo se acaba pronto y que el hombre es el único animal que reitera las sensaciones presentes sin ninguna necesidad orgánica. Esto nos lleva al debate que siempre ha existido entre el papel del instinto y del aprendizaje en la conducta humana.

Es sabido que, en el caso de las personas racionales, las tendencias instintivas se ven completadas con el aprendizaje, pero el debate se centra en si en el hombre predomina lo genético y heredado o lo adquirido por aprendizaje. Para la escuela conductista de J.B Watson y B.F Skinner no existe excesiva diferencia entre la conducta animal y la humana. El sistema de premio o castigo del reflejo condicionado demostraría que lo fundamental es el aprendizaje.

El innatismo o instintivismo de Mc Dougal o K. Lorenz, por el contrario, insisten en que los comportamientos humanos, y de modo especial los comportamientos agresivos, están determinados por la programación genética del hombre. Parece claro, como defiende J.M Barrio, en Elementos de Antropología Pedagógica , que en la persona humana los períodos de aprendizaje son más largos debido precisamente a sus carencias instintivas. Pero en cualquier caso, la diferencia básica entre el animal y la persona reside en la libertad.

La herencia y el aprendizaje son condicionamientos de la conducta humana, pero no determinaciones de la misma. Si alguna luz arroja la plasticidad de las tendencias humanas es que hay diferencias muy básicas en el circuito entre estímulo y respuesta en el caso del animal y el del hombre.

El hombre capta lo real en sí mismo sin que medie ningún interés orgánico. Lo específicamente humano es captar las cosas sin relacionarlas con su situación orgánica o biológica. Por otro lado, en la conducta humana no vemos que estén determinados los medios que hay que poner para satisfacer los fines biológicos.

La persona humana es libre de escoger el modo de satisfacer las propias necesidades. Como afirma A. Millan-Puelles, en La libre afirmación de nuestro ser , “las tendencias humanas no imponen formas enteramente determinadas a la conducta”.

Y por último, además de tendencias vegetativas, el hombre añade otras actividades que tienen finalidades más elevadas. Precisamente las finalidades no instintivas a las cuales el hombre se puede dirigir pueden ser también objetos de tendencia mediante una inclinación aprendida por repetición de actos. Y es aquí donde surge la importancia de los hábitos en cuanto inclinaciones adquiridas. Es específica del hombre la adquisición de hábitos que desplazan el instinto. El instinto es básico pero limitado, y lo decisivo en el hombre es el aprendizaje. En este sentido no le es suficiente estar vivo, sino que el hombre aprende a vivir. Podemos llegar a afirmar que no existe una auténtica biología humana sin aprendizaje, hábitos y cultura.






18/09/2014 09:00:00