Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Orar Juntos

Liturgia de las Horas, Adoración eucarística, oración ecuménica


La Liturgia de las Horas

En este Año Santo sería muy positivo promover la celebración de la Liturgia de las Horas comunitaria, junto a todo el pueblo de Dios, sobre todo en las horas principales de Laudes y Vísperas. Es hermoso que la oración cotidiana de la Iglesia se inicie con estas palabras: «Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme» (Sal 70,2). La ayuda que invocamos representa ya el primer paso de la misericordia de Dios hacia nosotros. El viene a salvamos de la condición de debilidad en la que vivimos. Y su ayuda consiste en hacemos entender su presencia y su cercanía. Día tras día, tocados por su compasión, podemos también nosotros llegar a ser compasivos con los que nos encontramos en nuestro camino (cf. MV 14). «Los Salmos, en modo particular, destacan esta grandeza del proceder divino: “El perdona todas tus culpas, y cura todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro, te corona de gracia y de misericordia” (103,3-4).

De una manera aún más explícita, otro Salmo testimonia los signos concretos de su misericordia: “El Señor libera a los cautivos, abre los ojos de los ciegos y levanta al caído; el Señor protege a los extranjeros y sustenta al huérfano y a la viuda; el Señor ama a los justos y entorpece el camino de los malvados” (146,7-9). Por último, he aquí otras expresiones del salmista: “El Señor sana los corazones afligidos y les venda sus heridas. [...] El Señor sostiene a los humildes y humilla a los malvados hasta el polvo” (147,3-6)» (MV 6). Los Salmos, además, comunican de manera ejemplar los sentimientos y las disposiciones del corazón del orante: agradecimiento, actitud penitencial, de súplica de misericordia, de alabanza, de glorificación. Cuando la liturgia lo consiente, en particular en las celebraciones con el pueblo de Dios, se debe tener cuidado de elegir aquellos Salmos que mejor subrayan el aspecto de la reconciliación y de la misericordia. Algunos son indicados por el papa Francisco en la bula de convocación del Jubileo: Sal 25, 50, 103, 136, 146-47. Otros son sugeridos por el Subsidio Los Salmos de la misericordia, publicado por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, acompañados, cada uno, de una reflexión bíblica que brota del Salmo mismo, útil para eventuales momentos de catequesis y para hacer apreciar la belleza y riqueza de estos poemas de alabanza al pueblo de Dios que los canta (en el presente volumen p.5-68).

Sería deseable que los Salmos fuesen cantados. De este modo, también a través de la música, se trasparenta la melodía de la misericordia del Padre en la armonía del amor trinitario. Esto vale sobre todo para el Cántico de la Virgen, el magníficat, que representa el himno a la misericordia del Omnipotente: «[...] ha puesto los ojos en la humildad de su esclava [...] su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen [...] acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia» (Le 1,46-55). 2.

La Adoración eucarística

El Año Santo puede ser también la ocasión para valorar la Adoración eucarística en las comunidades, implorando el perdón y la paz ante la presencia sacramental del Señor. Este momento, aun respetando la propia índole, que es la de un silencio adorador, puede ser acompañado, de vez en cuando, por la proclamación sencilla de algunos pasajes de la Escritura, en los que se muestre el tema de la misericordia, o de algunos comentarios de los Padres. Durante la exposición, las oraciones, cantos y lecturas deben disponerse de modo que los fieles en oración orienten su piedad a Cristo Señor (De sacra communione, 95). 3.

Oración ecuménica e interreligiosa

El Santo Padre, en el n.23 de la Bula, recomienda que en este Año Jubilar se preste una particular atención también a la oración ecuménica e interreligiosa, para que se suspenda, con la esperanza de suprimirlo definitivamente, todo juicio y prejuicio con respecto a nuestras Iglesias hermanas y a las otras confesiones religiosas, en la búsqueda de la unidad, del recíproco respeto y de la paz de los corazones y de los pueblos: «La misericordia posee un valor que sobrepasa los confines de la Iglesia. Ella nos relaciona con el judaísmo y el islam, que la consideran uno de los atributos más calificativos de Dios. [...] Este Año Jubilar vivido en la misericordia pueda favorecer el encuentro con estas religiones y con las otras nobles tradiciones religiosas; nos haga más abiertos al diálogo para conocemos y comprendemos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación». Al cumplirse 50 años de la Declaración conciliar Nostra aetate, por tanto, estamos llamados a sentir más la necesidad de orar por el don de la unidad entre los cristianos y de la paz y fraternidad con los miembros de las otras religiones. Esta súplica encuentra su síntesis en la oración del Viernes Santo y su continuación en nuestras comunidades, en particular en la Semana de oración por la unidad de los cristianos. Por esto es oportuno que se dediquen, en cada comunidad cristiana, momentos especiales de súplica y oraciones para implorar de Dios estos dones.

Encuéntrese también el modo, especialmente en las Iglesias catedrales, de organizar celebraciones de la Palabra con los hermanos cristianos de las otras confesiones y momentos de encuentro con los pertenecientes a las otras religiones. Es importante que los obispos promuevan en sus diócesis estos momentos, con la implicación de personas competentes en su organización, de modo que puedan ser ocasiones en las que se manifiesta el respeto y la alegría compartida de vivir juntos y de interceder los unos por los otros, implorando la misericordia del Omnipotente. Para intensificar la oración e implorar de Dios el don de la unidad, que encuentra su culmen en la participación en la única mesa eucarística, pueden utilizarse, cuando el tiempo litúrgico lo permite, los formularios de la Misa por la unidad de los cristianos, además del formulario de María Virgen madre de la unidad (CMBMVn.38).






07/07/2016 09:00:00