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que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Orar juntos II

La piedad popular, la peregrinación, la Veneración de Cristo crucificado


La Piedad popular

El beato Pablo VI, en la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, cuando se refiere a la piedad popular, se expresa así: «Refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer. Hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe. Comporta un hondo sentido de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante. Engendra actitudes interiores que raramente pueden observarse en el mismo grado en quienes no poseen esa religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptación de los demás, devoción» (EN 48). Esta riqueza ha sido confirmada por el papa Francisco en la Evangelii gaudium. Será útil, en este tiempo, recurrir al Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, publicado por la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, que recoge una gran riqueza de formas expresivas de la religiosidad popular, de acuerdo con el Año litúrgico.

La peregrinación

La peregrinación es uno de los signos peculiares del Año Santo, porque es imagen del camino que toda persona realiza en su existencia. También para llegar a la Puerta Santa en Roma y a la Puerta de la Misericordia en cualquier otro lugar, cada uno deberá realizar, de acuerdo con las propias fuerzas, una peregrinación. «Esto será un signo del hecho que también la misericordia es una meta por alcanzar y que requiere compromiso y sacrificio. La peregrinación, entonces, sea estímulo para la conversión: atravesando la Puerta Santa nos dejaremos abrazar por la misericordia de Dios y nos comprometeremos a ser misericordiosos con los demás como el Padre lo es con nosotros» (MV 14). En cada diócesis será conveniente identificar, por tanto, metas de peregrinación, como la Iglesia catedral, los santuarios u otros lugares de culto especialmente apreciados por la piedad cristiana del pueblo y en los que el obispo haya previsto la apertura de la Puerta de la Misericordia.

Puede recomendarse realizar parte del camino a pie, como para significar el sacrificio y el empeño necesarios para la conversión y para gustar con mayor júbilo la consecución de la meta: Cristo, nuestro Señor. Peregrinación que puede ser acompañada con la meditación de la Palabra de Dios y con el canto de los Salmos de la Misericordia, referidos en el Subsidio Los Salmos de la Misericordia (p.5-68). Es evidente que la peregrinación es uno de los momentos más favorables en los que el pueblo de Dios se acerca a la celebración del sacramento de la Reconciliación. Los sacerdotes recomienden, por tanto, al pueblo de Dios a que se acerque a recibir el don de la misericordia del Padre en el sacramento. Al mismo tiempo, no falte un buen número de confesores que, de buena gana, estén disponibles para acoger a los penitentes, conscientes del grave ministerio de poder absolver los pecados y hacerse instrumentos de la misericordia del Omnipotente, de la que han sido hechos dispensadores. El Jubileo lleva consigo también el don de la indulgencia.

Es importante recordarlo al pueblo de Dios de modo que, con las debidas disposiciones, pueda experimentar la santidad de la Iglesia, que hace partícipes a todos de los beneficios de la redención de Cristo, para que el perdón se extienda hasta las últimas consecuencias a las que llega el amor de Dios.

La veneración de Cristo crucificado

En el Triduo Pascual, el Viernes Santo, dedicado a celebrar la Pasión del Señor, es el día por excelencia de la «Adoración de la santa Cruz». Sin embargo, la piedad popular ama anticipar la veneración cultual de la Cruz, verdadera imagen de la misericordia del Padre y particular punto de referencia de este Año Santo. A lo largo de todo el tiempo de la Cuaresma, en efecto, el viernes, que según la antiquísima tradición de la Iglesia es el día conmemorativo de la Pasión de Cristo, los fieles dirigen con gusto su piedad al misterio de la Cruz. Contemplando al Salvador crucificado captan principalmente el significado del dolor inmenso e injusto que Jesús, el Santo y el Inocente, padeció por la salvación del hombre, y comprenden el valor de su amor solidario y la eficacia de su sacrificio redentor Las múltiples expresiones de devoción hacia Cristo crucificado adquieren especial relieve en las iglesias dedicadas al misterio de la Cruz o en las que se veneran insignes reliquias del lignum Crucis.

Es oportuno pensar, por tanto, durante el Año Santo y de acuerdo con los tiempos litúrgicos, en algunas celebraciones en las que se proclamen pasajes tomados de la narración de la Pasión del Señor. Que no falten, además, cantos y oraciones, gestos como la ostensión, la procesión y la bendición con la Cruz. Momentos que podrían ser preparados por las numerosas cofradías, presentes en distintas comunidades y nacidas originariamente para animar las celebraciones ligadas a la santa Cruz, sobre todo allí donde están presentes las reliquias insignes del lignum Crucis. «No obstante, la piedad respecto a la Cruz, con frecuencia, tiene necesidad de ser iluminada. Se debe mostrar a los fieles la referencia esencial de la Cruz al acontecimiento de la Resurrección: la Cruz y el sepulcro vacío, la Muerte y la Resurrección de Cristo, son inseparables en la narración evangélica y en el designio salvífico de Dios. En la fe cristiana, la Cruz es expresión del triunfo sobre el poder de las tinieblas, y por esto se la presenta adornada con gemas y convertida en signo de bendición, tanto cuando se traza sobre uno mismo, como cuando se traza sobre otras personas y objetos» (Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 128).

Por este motivo, especialmente en el Tiempo Pascual, la Cruz podrá ser adornada y embellecida con flores, que representen el símbolo de la victoria de Cristo sobre la muerte. De este perfume de muerte y resurrección juntos, por tanto, del único e indiviso Misterio pascual, deben estar caracterizadas también todas las devociones que, partiendo de la atención a cada uno de los aspectos de la Pasión de Cristo, han brotado en el pueblo de Dios: al Ecce homo, al Cristo vilipendiado, «con la corona de espinas y el manto de púrpura» (Jn 19,5), que Pilato muestra al pueblo, a las santas llagas del Señor, sobre todo a la herida del costado y a la sangre vivificadora que fluye de ella (cf. Jn 19,34), a los instrumentos de la Pasión, como la columna de la flagelación, la escala del pretorio, la corona de espinas, los clavos, la lanza de la transfixión; a la sábana santa o lienzo de la deposición.






14/07/2016 12:00:00