Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Orar juntos III

El Vía crucis, la devoción a la Virgen, el rosario


El Vía Crucis

En este Año Jubilar, en el piadoso ejercicio del Vía Crucis, expresión popular del amor del Padre, revelado en el sacrificio del Hijo por amor a la humanidad, es oportuno cuidar la selección de las lecturas bíblicas, de los comentarios y de los signos que pueden acompañar este momento. En el pío ejercicio del Vía Crucis, en efecto, confluyen varias expresiones características de la espiritualidad cristiana: la concepción de la vida como camino o peregrinación; como paso, a través del misterio de la Cruz, del exilio terreno a la patria celestial; el deseo de conformarse profundamente a la Pasión de Cristo; las exigencias de la "secuela Christi", por la que el discípulo debe caminar tras el Maestro llevando cada día la propia cruz (cf. Le 9,23).

La devoción a la Bienaventurada Virgen María

El pensamiento en este Año Santo, estará dirigido, de manera especial, a la Madre de la Misericordia. La dulzura de su mirada nos acompañará, para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios. El Santo Padre, además de las celebraciones del Año litúrgico, ha querido dedicar a la dimensión mariana del Año Santo el sábado 8 y el domingo 9 de octubre, inspirados por la memoria de Nuestra Señora, la Virgen del Rosario. «Nadie como María ha conocido la profundidad del misterio de Dios hecho hombre. Todo en su vida fue plasmado por la presencia de la misericordia hecha carne. La Madre del Crucificado Resucitado entró en el santuario de la misericordia divina porque participó íntimamente en el misterio de su amor» (MV 24).

El Rosario de la Santísima Virgen María

El modo más simple y directo que la Tradición y la piedad popular nos han entregado para invocar la misericordia de Dios por medio de la intercesión de la Virgen María, es la práctica del Rosario. La recitación del Rosario está frecuentemente acompañada por un pasaje de la Escritura y por un comentario tomado de las obras de los Padres o de los autores espirituales. Será oportuno que en este año la selección de estos pasajes esté inspirada por aquellos textos que, mejor que otros, muestran el rostro materno de la que, antes que nadie, ha experimentado la misericordia del Padre que «ha puesto sus ojos en la humildad de su esclava». «Dirijamos a ella la antigua y siempre nueva oración de la Salve Regina, para que nunca se canse de volver a nosotros sus ojos misericordiosos y nos haga dignos de contemplar el rostro de la misericordia, su Hijo Jesús» (MV 24). No ha de faltar tampoco el recurso a la intercesión de los Santos por medio de la recitación de las letanías en sus distintas formas. Sobre todo, en las peregrinaciones. «La Iglesia vive la comunión de los Santos. En la Eucaristía esta comunión, que es don de Dios, actúa como unión espiritual que nos une a los creyentes con los Santos y los Beatos cuyo número es incalculable (cf. Ap 7,4). Su santidad viene en ayuda de nuestra fragilidad, y así la Madre Iglesia es capaz con su oración y su vida de ir al encuentro de la debilidad de unos con la santidad de otros» (MV 22). Es oportuno valorar también las letanías de la Divina Misericordia.






21/07/2016 09:00:00