Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Orar juntos IV

Los lugares de la celebración, el altar, la puerta


Los lugares de la celebración

Una importancia relevante adquiere, en el contexto del Jubileo, los lugares de la celebración, en particular: el altar, la puerta, la pila bautismal y el lugar y la sede para la celebración del sacramento de la Reconciliación o penitencia. Como aprendemos de la historia, su dimensión mistagógica ha asumido una importancia relevante sobre todo en el pueblo sencillo en el que, más allá de cualquier otra catequesis verbal, la imagen y la iconografía han jugado un papel fundamental para iniciar a los cristianos, y a los mismos catecúmenos, en los misterios de la vida cristiana.

El altar

Si el altar tiene una peculiar importancia propia durante todo el Año litúrgico, como centro sacramental de la iglesia y lugar del sacrificio de Cristo y del banquete eucarístico, adquiere en este Año Santo una luz totalmente particular. El altar, en efecto, se convierte en centro de convergencia no sólo de la sacramentalidad de la Iglesia, sino de la infinita misericordia del Padre, que se manifiesta en múltiples aspectos y que en el sacrificio del Hijo encuentra la síntesis perfecta y salvífica. Por este motivo, se debe tener gran cuidado de todos los lugares litúrgicos, pero el altar adquiere una importancia eminente respecto a los otros, hágase, por tanto, de modo que, en su sobria ornamentación (flores, mantel, velas, etc.), manifieste el gran misterio que en él se celebra y al que remite también el crucifijo, único, colocado cerca y en relación con el altar mismo. Infúndase en todos los fieles un respeto grande con respecto a este lugar, evitando recubrirlo o poner encima objetos u adornos ajenos a él; téngase en cuenta, además, que el altar no es el lugar desde el que se guía o preside la asamblea o se proclaman las lecturas, para cuyas funciones existen lugares bien precisos como la sede y el ambón, sino el lugar de la Liturgia eucarística y de la Anáfora. Que no sea, por tanto, el lugar «perennemente habitado» por la presencia del presbítero o de los otros ministros. A través de los momentos procesionales de un lugar litúrgico a otro, en efecto, se expresa la función mistagógica de la liturgia de iniciar al pueblo de Dios a los misterios de la fe mediante signos sensibles.

La puerta

Mientras que el atrio es espacio indicativo de la acogida materna de la Iglesia, la puerta representa a Cristo, «puerta» del rebaño (cf. Jn 10,7). A este valor iconológico debería reconducirse el programa iconográfico de la puerta de ingreso, que no es casual o accesorio, sino constitutivo del lugar mismo, especial-mente en aquellos lugares en los que estará presente la Puerta de la Misericordia. Ella, en efecto, bien por medio de su majestuosidad o por medio de su decoración, debe remitir a lo que representa, de manera sencilla y noble. Valórese, por tanto, este lugar, tanto en su iconografía y decoración como en los movimientos procesionales y en las celebraciones sacramentales como, por ejemplo, los Ritos de acogida en el Rito del Bautismo; la procesión de ingreso a la Misa, la acogida de los esposos en el Rito del matrimonio; la acogida del cadáver en el Rito de exequias.






28/07/2016 09:00:00