Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Orar juntos VI

La comunión espiritual


La Comunión espiritual

Desde hace siglos los fieles, sobre todo aquellos con impedimentos para la participación en la Eucaristía, practican la Comunión espiritual como modo de estar unidos al Señor en la vida cotidiana. La práctica de la comunión espiritual es recomendada por varios santos. Santa Teresa de Ávila escribe así a sus monjas: «Y cuando no comulgareis, hijas, y oyereis misa, podéis comulgar espiritualmente, que es de grandísimo provecho y hacer lo mismo de recogeros después en vos, que es mucho lo que se imprime el amor así de este Señor» (Camino de perfección, XXXV, 1). San Alfonso María de Ligorio exhorta a los fieles a practicar la Comunión espiritual más veces al día, sobre todo cuando se visita el Santísimo Sacramento.

Para recibirla son necesarias, según el santo, dos cosas: la primera es el deseo ardiente de recibir a Jesús sacramentado, la segunda es un abrazo amoroso, como si fuese ya recibido (cf. Classeprima opere ascetiche. vol. I, p.16). San Juan Bosco, en cambio, recuerda: «Si no podéis comulgar sacramentalmente haced, al menos, la Comunión espiritual, que consiste en un ardiente deseo de recibir a Jesús en vuestro corazón» (G. B. Lemoyne, Memorie biografiche del Venerabile Don Giovanni Bosco, vol. III, p. 13). También tras el Concilio Vaticano II esta práctica espiritual es indicada para vivir cerca del Señor la cotidianidad: «A cada fiel o a las comunidades que por motivo de persecución o por falta de sacerdotes se ven privados de la celebración de la sagrada Eucaristía por breve, o también por largo tiempo, no por eso les falta la gracia del Redentor. Si están animados íntimamente por el voto del sacramento y unidos en la oración con toda la Iglesia; si invocan al Señor y elevan a él sus corazones, viven por virtud del Espíritu Santo en comunión con la Iglesia, cuerpo vivo de Cristo, y con el mismo Señor. Unidos a la Iglesia por el voto del sacramento, por muy lejos que estén externamente, están unidos a la misma íntima y realmente, y por consiguiente reciben los frutos del sacramento, mientras que los que intentan atribuirse indebidamente el derecho de celebrar el misterio eucarístico terminan por cerrar su comunidad en sí misma» (Congregación para la Doctrina de la Fe, Sacerdotium ministeriale III, 4).

San Juan Pablo II, en fin, tiene palabras muy significativas con respecto a esta práctica: «La Eucaristía se manifiesta, pues, como culminación de todos los Sacramentos, en cuanto lleva a perfección la comunión con Dios Padre, mediante la identificación con el Hijo Unigénito, por obra del Espíritu Santo. Un insigne escritor de la tradición bizantina expresó esta verdad con agudeza de fe: en la Eucaristía, “con preferencia respecto a los otros sacramentos, el misterio [de la comunión] es tan perfecto que conduce a la cúspide de todos los bienes: en ella culmina todo deseo humano, porque aquí llegamos a Dios y Dios se une a nosotros con la unión más perfecta”. Precisamente por eso, es conveniente cultivar en el ánimo el deseo constante del Sacramento eucarístico. De aquí ha nacido la práctica de la “comunión espiritual”, felizmente difundida desde hace siglos en la Iglesia y recomendada por Santos maestros de vida espiritual» (Ecclesia de Eucharistia, 34).






25/08/2016 09:00:00