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Recensiones: Historia del arte

Ernst Hans Josef Gombrich: Historia del arte


LA HISTORIA DEL ARTE (16ª ED.) (EN PAPEL) E. H. GOMBRICH , PHAIDON PRESS LIMITED, 2008 ISBN 9780714898704

Sir Ernst Hans Josef Gombrich, nació en Viena, el 30 de marzo de 1909 en el seno de una acomodada familia judía que se convirtió a una forma de protestantismo místico. Su madre, que era pianista, fue alumna en el Conservatorio de Viena de Anton Bruckner y su padre era un abogado "muy respetado, pero no de esos a los que se les da bien hacer dinero", según palabras del propio Gombrich.

Como tantos intelectuales del momento, era agnóstico, aunque respetaba la religión y a los creyentes; de familia de tradición judía, se sentía vienés; fue acusado de ser antialemán, pero se defendió insistiendo en que era antitotalitario. Intentaba ser un ciudadano del mundo, a la vez que se calificaba a sí mismo de judío austriaco. Con su familia visitaban el Museo de Arte Histórico, cercano a su hogar y el joven Ernst comenzó sus lecturas sobre arte.

Al finalizar sus estudios secundarios en el Gymnasium (1927-1928), presentó como trabajo final una investigación acerca de los cambios en la apreciación del arte desde Winckelmann hasta aquel momento. Inmediatamente ingresó en la Universidad de Viena para estudiar historia del arte, teniendo como profesores a teóricos de renombre tales como Josef Strzygowski, Julius von Schlosser, Karl Maria Swoboda, Hans Tietze entre otros.

Su tesis doctoral se refirió a Giulio Romano como arquitecto, siendo von Schlosser el profesor revisor de su trabajo. Así finalizó sus estudios de Historia del Arte en 1933. Ante la llegada al poder de los nazis, en 1936 se trasladó a Gran Bretaña, donde ocupó un puesto como asistente de investigación en el Warburg Institute, creado por Aby Warburg, convirtiéndose en el director del mismo desde 1959 hasta 1976. En 1960 fue elegido Fellow de la Academia Británica, en 1966 nombrado CBE, en 1972 sir, y en 1988 le fue concedida la Orden del Mérito.

En 1985 ganó el Premio Balzan para la historia del arte occidental, en 1994 se le otorgó la medalla de oro de la ciudad de Viena. Murió en Londres el 3 de noviembre de 2001.

Su Historia del arte, publicada por primera vez en 1950 fue ampliamente difundida, ya que es un texto de divulgación (en 2005 alcanzó su 16ª edición en inglés). Originalmente dirigida a lectores jóvenes, se han vendido millones de ejemplares y ha sido traducida a más de 20 idiomas. La Historia del arte es una de las obras sobre arte más famosas jamás publicadas. Durante más de cinco décadas no ha tenido rival como introducción al arte en su totalidad, abarcando desde las primeras pinturas rupestres hasta el arte experimental contemporáneo.

Lectores de todas las edades y culturas han sabido hallar en el profesor Gombrich a un auténtico maestro, en quien conocimiento y sabiduría se conjugan con un don único para comunicar de manera clara su profundo fervor por las obras de arte objeto de su estudio. Como él mismo escribe en su Prefacio: “Este libro se dirige a todos aquellos que sienten la necesidad de una primera orientación en un terreno fascinante y extraño. Desea mostrar a los recién llegados a él los yacimientos de este terreno sin abrumarles con pormenores; confío en facilitarles algún orden inteligible dentro de la abundancia de nombres, épocas y estilos que colman las páginas de obras más ambiciosas, y prepararles así para que consulten libros más especializados. Los lectores en quienes ante todo y principalmente he pensado al proyectar y escribir esta obra son los jóvenes que acaban de descubrir el mundo del arte por sí mismos. Pero nunca he creído que los libros para jóvenes deban diferenciarse de los libros para adultos, salvo en que se las han de ver con críticos más exigentes, muy rápidos en descubrir y delatar cualquier indicio de jerga pretenciosa o falso sentimentalismo. Conozco por experiencia que tales defectos pueden hacer que algunas personas desconfíen de todos los escritos sobre arte durante el resto de sus vidas. Me he esforzado sinceramente en eludir esas añagazas y emplear un lenguaje sencillo, aun a riesgo de parecer un intruso o profano en la materia. Confío en que los lectores no atribuirán mi decisión de servirme del mínimo de los términos convencionales, propios de los historiadores de arte, a ningún deseo por mi parte de descender hasta ellos. ¿Acaso no son, con mayor motivo, los que abusan de un lenguaje científico —no para ilustrar sino para impresionar al lector— quienes descienden hasta nosotros como si vinieran de las nubes?

Una verdadera obra maestra.






02/01/2015 09:00:00