Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Recensiones: Las catequesis bautismales

Las catequesis bautismales de San Juan Crisóstomo nos presentan una fuente preciosa sobre la liturgia bautismal de la primitiva Iglesia


Las catequesis bautismales., San Juan Crisóstomo. Edición preparada por: A. Ceresa-Gastaldo y Argimiro Velasco. Editorial Ciudad Nueva ISBN: 978-84-86987-93-0

San Juan Crisóstomo o Juan de Antioquia (Antioquía, Siria; 347 – 14 de septiembre de 407) fue un religioso cristiano, patriarca de Constantinopla, es considerado por la Iglesia católica uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia del Oriente. En la Iglesia ortodoxa griega es considerado uno de los más grandes teólogos y uno de los tres pilares de la Iglesia, juntamente con Basilio y Gregorio.

"Cien años después de su muerte, Juan de Constantinopla recibió el título por el que le conoce la posteridad: Juan Crisóstomo." El cual proviene del griego chrysóstomos (χρυσόστομος) y significa ‘boca de oro’ (chrysós, 'oro', stoma, 'boca'). Este Padre de la Iglesia fue un excelso predicador, famoso por sus discursos públicos y por su denuncia de los abusos de las autoridades imperiales y de la vida licenciosa del clero bizantino.

Las Catequesis bautismales, dentro de la amplia producción de san Juan Crisóstomo, ocupan un puesto importante no solamente por el gran número de las que han llegado hasta nosotros (doce, en conjunto), sino, sobre todo, porque ellas vienen a representar una fuente preciosa para la historia de la concepción y de la liturgia bautismal en Antioquía, una de las sedes más ilustres de la Iglesia oriental, al final del siglo IV.

Juan Crisóstomo, ordenado de sacerdote el 16 de febrero del año 386, al comienzo de la Cuaresma, empezó enseguida su actividad de predicador, cuyos primeros testimonios son las Ocho homilías sobre el Génesis, desarrolladas durante el mismo año. Pertenecen a la Cuaresma del año 387 las veintiún Homilías sobre las estatuas, con las cuales Juan Crisóstomo, junto con la participación del obispo Flaviano, logró interrumpir y evitar represiones sangrientas ulteriores, por parte del poder imperial, como consecuencia de la sedición popular que llegó a mutilar las estatuas de Teodosio y de su familia.

San Juan Crisóstomo, desde el comienzo de su actividad pastoral, reveló una clara y penetrante concepción del bautismo debida, ya sea a su experiencia personal, que con frecuencia subraya en las Catequesis 15, ya sea también a la tradición presente en la Iglesia de Antioquía. Su estilo sencillo y vivo, que, aun en la inmediata y constante relación con el auditorio, conserva siempre la impronta de la pura elocuencia ática, nos permite comprender sin dificultad su pensamiento.

El primer aspecto fundamental que san Juan Crisóstomo capta en el bautismo es el sentido del misterio que lo rodea y que la misma expresión «sacramento», si se entiende en su acepción original, siempre refleja. La terminología que indica la distinción entre fieles y catecúmenos, en la comunidad cristiana de la época, es reveladora al respecto: únicamente los fieles (pistoi) son los «iniciados» (memuemenoi), mientras los catecúmenos (katéchoumenoi) son los «no iniciados» (amuetoi). Y la separación entre los dos grupos que se realizaba al comienzo de la liturgia eucarística, en la cual sólo los fieles podían participar mientras que los catecúmenos eran invitados a salir, se justifica por aquella «disciplina del arcano», profundamente enraizada en la Iglesia de Antioquía y que san Juan Crisóstomo refleja con frecuencia con la utilización de términos como «terrible», «tremendo», «inefable» de los cuales desgraciadamente en los momentos actuales, se ha perdido su significado genuino.

El sentido del misterio, viene sugerido a san Juan Crisóstomo por la viva fe que tenía en la nueva realidad a la cual el catecúmeno es llamado a participar: la adhesión plena y definitiva a Cristo; y para expresarla se sirve con mucha frecuencia de la imagen humana y sugestiva del matrimonio. La conocida cita de Efesios (5, 31-32), que constituye la base de la interpretación patrística del matrimonio, es reiterada y reelaborada originalmente por san Juan Crisóstomo con un realismo muy suyo, que es otra de las características típicas de su pensamiento. Y este realismo es lo que le impide caer en lo genérico y abstracto, incluso en los momentos de más alta tensión y precisamente cuando uno se sentiría inducido a pensar que la teoría sobrepasa y anula la praxis en su apasionada elocuencia.

Pero a pesar de la exaltación del bautismo y de sus dones y a pesar de sus cálidas y repetidas exhortaciones, él sabe muy bien que numerosos catecúmenos están esperando para solicitar el bautismo hasta el momento de la muerte y otro hecho, aún más descorazonador, es que muchos cristianos apenas bautizados e introducidos en las reuniones litúrgicas, no dejan de asistir a las carreras de caballos y a los espectáculos del teatro. Él, sin embargo, no deja de exigir continuamente de los catecúmenos una seria preparación moral y doctrinal para merecer la recepción del bautismo y llegar a ser como «nuevos iluminados» (neophotistoi) que pueden comprender con fe la luz resplandeciente de las nuevas verdades cristianas.

En esta visión se encuadran las diversas etapas que van marcando progresivamente la preparación de los catecúmenos: la elección de los fieles que les acogen como a hijos y que vienen a ser como «padres espirituales» para ellos (los futuros «padrinos»), garantes de la seriedad de su compromiso; los exorcistas a quienes son confiados, cubiertos únicamente con la túnica de penitentes, con los pies desnudos y las manos levantadas al cielo como los suplicantes o los prisioneros. La hora nona del Viernes Santo, que recuerda el trágico momento de la muerte de Cristo en la Cruz es el momento culminante de la liturgia bautismal.

San Juan Crisóstomo que, con frecuencia y durante largo tiempo, ha insistido sobre la plena libertad del hombre en contraste con la inmutabilidad de la naturaleza, reclama toda la atención de los catecúmenos sobre la importancia de la elección que ellos debían realizar. La fórmula litúrgica de la renuncia al demonio: «Renuncio a ti, Satanás, a tus seducciones, a tu servicio y a tus obras» es un compromiso solemne que san Juan Crisóstomo asimila a la elección total y definitiva que se realiza en el matrimonio. La liturgia bautismal, testimoniada por san Juan Crisóstomo, después de la renuncia a Satanás, hacía seguir la unción con el signo de la cruz sobre la frente del catecúmeno; después durante la celebración nocturna, seguían la unción de todo el cuerpo, la profesión de fe y la bajada a la piscina sagrada, para recibir el bautismo de las manos del obispo o del sacerdote, que extendía la mano sobre la cabeza del bautizado y la sumergía tres veces en el agua, pronunciando la fórmula sacramental: «Fulano es bautizado en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo».

San Juan Crisóstomo, después del bautismo, hace mención únicamente del beso de la paz, al cual seguía la participación de los nuevos bautizados en la liturgia eucarística. En Antioquía se prolongaban durante siete días los festejos en honor de los nuevos bautizados, período de tiempo análogo a las fiestas en honor de los nuevos esposos, y cada día debían asistir a la reunión litúrgica destinada a ellos, como lo testimonian las cinco últimas Catequesis prebautismales editadas por Wenger. Así se nos presenta la concepción que san Juan Crisóstomo tiene del bautismo y, después de tantos siglos, su voz parece conservar todavía inalterada toda su frescura, inspirando un sentido profundo de serenidad y de confianza, de la cual también el hombre de hoy tiene necesidad para renovar con plena libertad, como los catecúmenos de otro tiempo, su adhesión a Cristo.






15/12/2014 09:00:00