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que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Recensiones: Santos de la Misericordia

El amor más grande. Madre Teresa de Calcuta. Ed. Urano. ISBN 97884795374948459


Beata Teresa de Calcuta (1910-1997)

La Madre Teresa, una de las personalidades espirituales más reconocidas y amadas del mundo, inspira a millones de personas con su extraordinario ejemplo de trabajo compasivo y generoso por los pobres, los enfermos y los marginados de la sociedad. Considerada por muchos una santa, fue una voz firme y resuelta de amor y fe, que ofreció bondad y orientación a los oprimidos.

Este libro es un sincero testimonio de su honda esperanza e infinita fe en Dios y en el mundo. El amor más grande llevará a los lectores al corazón de esta extraordinaria mujer, presentando su revolucionaria visión del cristianismo en su bella y poética simplicidad. La Madre Teresa se hizo famosa en todo el mundo por su desinteresado trabajo con los más pobres de los pobres en Calcuta (India). Nacida en 1910 en Skopje, actual capital de Macedonia, comenzó su noviciado en 1928. Desde su fundación en 1950, su congregación de las Misioneras de la Caridad ha abierto más de 500 centros por todo el mundo para asistir a los moribundos y los indigentes. La Madre Teresa ha recibido galardones de muchas de las más prestigiosas organizaciones humanitarias del mundo, entre ellos la Medalla de la Libertad de las Naciones Unidas, el Premio Albert Schweitzer y el Nobel de la Paz.

A entrelazar el culto de la Eucaristía y las obras de misericordia, se dedicó también la beata Madre Teresa de Calcuta. Había inaugurado su difícil misión con esta oración, que era ya todo un programa: Dios mío [...] no quiero dar marcha atrás. Mi comunidad son los pobres. Su seguridad es la mía. Su salud es mi salud. Mi techo es el de los pobres. No de los simples pobres, sino de aquellos que son los más pobres entre los pobres. De aquellos a los cuales se busca no acercarse por miedo a ser contagiados, a ensuciarse [...] De aquellos que no van a la iglesia porque no tienen ropa que ponerse encima. De aquellos que no comen porque han perdido sus fuerzas. De aquellos que se desploman por las calles sabiendo que están para morir, mientras los vivos pasan a su lado ignorándolos. De aquellos que ya no son capaces de llorar porque ya no tienen lágrimas.

¿Pero dónde habría encontrado el secreto y la fuerza para dar un verdadero abrazo de dulcísima caridad a cada marginado? Más tarde lo explicará así a sus hijas: «¿Habéis visto con cuánto amor y delicadeza trata el sacerdote el cuerpo de Cristo durante la Misa? Tratad de hacer lo mismo en la casa (de los moribundos) donde vais a ir: allí está Jesús bajo la apariencia del dolor».

Y muchas de ellas contarían no haber comprendido nunca tan bien aquella expresión eucarística que habla de presencia real de Jesús, como cuando tocaron los miembros doloridos de los enfermos. Y era precisamente en virtud de esta sublime «identificación eucarística» como Madre Teresa exponía la identidad real de su Instituto de caridad: «Nosotras somos sobre todo religiosas, no asistentes sociales, no maestras, no enfermeras o doctoras [...]. La diferencia entre nosotras y los trabajadores sociales está en esto: en que ellos trabajan por algo, mientras nosotras trabajamos por Alguien. Nosotras servimos a Jesús en los pobres. Todo lo que hacemos —oración, trabajos, sacrificios— lo hacemos por Jesús. Nuestras vidas no tienen ningún sentido, ninguna motivación fuera de él, que nos ama hasta el final. Sólo Jesús es la explicación de nuestra vida».

Y «los más pobres entre los pobres», de los que sus hermanas se hacen cargo todavía hoy, son: los niños no nacidos, aquellos con malformaciones, los niños abandonados, las jóvenes madres rechazadas por sus familias, los leprosos, las prostitutas, los prisioneros, los vagabundos, los alcohólicos, los minusválidos graves, los enfermos mentales, las víctimas de las distintas guerras, los drogadictos, los enfermos de Sida, los moribundos. A quien le pedía información más detallada sobre su programa y sobre cómo pretendía organizar sus «obras de misericordia», Madre Teresa respondía que ponía siempre el objetivo en el mismo comienzo, el mismo centro y el mismo fin. Y lo explicaba así:

— El comienzo: «Nosotras comenzamos siempre con la limpieza de las letrinas: comenzamos así a abrir los corazones».
— El centro: «Yo amo a Jesús con todo mi corazón y con todo mi ser. Le he dado todo, también mis pecados, y él me ha sumergido en la ternura de su amor. Ahora y para siempre yo pertenezco totalmente a mi Esposo Crucificado».
— El fin: «Trabajar por la santificación de los pobres, para dar Santos a Dios [...]». Y es verdaderamente impresionante ver a una Santa que percibe las obras de misericordia como capaces de señalar un camino transitable y completamente recto, que va desde los lugares más humildes de la tierra hasta los gloriosos tronos del paraíso.






15/06/2016 09:00:00