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que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Recensiones: Santos de la Misericordia

San Giuseppe Benedetto Cottolengo., Bosco Teresio, Dirosa Luigi. Editorial Elledici (2009)


San Giuseppe Benedetto Cottolengo., Bosco Teresio, Dirosa Luigi Editorial Elledici (2009)

San José Benito Cottolengo nace en Bra, Cuneo, Piemonte, Italia el 3 de mayo de 1786. Hijo de Agostino Cottolengo y Benedetta Chiarotti, es el fundador de la Piccola Casa della Divina Provvidenza, centro de acogida para personas con discapacidad mental y/o física. En 1802 Viste el hábito talar y cursa clandestinamente sus estudios eclesiásticos en la parroquia de Sant'Andrea en Bra. Recibe las órdenes menores de manos de monseñor Arborio Gatinara, obispo de Asti. En 1811 Monseñor Paolo Solaro le ordena sacerdote en la capilla del seminario de Turín y más tarde es nombrado canónigo del Corpus Domini en Turín. El 2 de septiembre de 1827 presencia la muerte de Maria Gonnet, hecho que cambiará el rumbo de su Misión, e inaugura el pequeño hospital de la Volta Rossa. El 27 de abril de 1832 Inaugura la Piccola Casa della Divina Provvidenza en los suburbios de Turín, en la zona de Valdocco.

Es universalmente conocido por la «Casa de la Divina Providencia», construida por él en Turín: una casa que siempre tendría que tener «como fundamento la Providencia, como alma la caridad de Cristo, como apoyo la oración, como centro los Pobres». Su característica principal consistía en estar abierta a todos los que no encontraban otro refugio, también a los enfermos más repugnantes e incurables. Y era gestionada con el criterio de ofrecer, a cada categoría de necesitados, una «familia» adecuada, compuesta por los asistidos y por sus asistentes, por los voluntarios y por todo el personal necesario para su cuidado, hasta constituir verdaderas ciudadelas.

Eran construidas, por eso, en unidades sucesivas, según los necesitados que se presentaban a la puerta: un edificio estaba destinado a los enfermos mentales, a los que san José Cottolengo llamaba «mis queridos amigos»; otro a los sordomudos, otro a los inválidos, otro a los huérfanos, otro también a los incurables y así sucesivamente. Y a cada edificio el Santo asignaba un nombre cristianamente evocativo: «Casa de la Fe»; «Casa de la esperanza»; «Casa de Nuestra Señora»; «Belén», y definía simpáticamente todo el conjunto: «Mi Arca de Noé». Pero ha habido quien —sorprendido por tanta genial creatividad— sugirió más bien el título de «Universidad de la caridad cristiana».

A sus colaboradores Cottolengo les enseñaba apasionadamente: «Los pobres son Jesús, no son una imagen suya. Son Jesús en persona y como tal hay que servirles. Todos los pobres son nuestros señores, pero estos que al ojo material son tan repugnantes son aún más señores, son nuestras verdaderas perlas. Si no los tratamos bien, nos echan de la Pequeña Casa. Ellos son Jesús». Por eso exigía que la caridad fuese ejercitada por todos «con entusiasmo y con alegría».






16/07/2016 15:00:00