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Soy sacerdote católico, 
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Recensiones: Santos de la misericordia

Diario de Santa Maria Faustina Kowalska. La Divina Misericordia en mi alma. (2005) Editor: Catholic Word. ISBN-13: 978-1596141070


Diario de Santa Maria Faustina Kowalska. La Divina Misericordia en mi alma. (2005) Editor: Catholic Word. ISBN-13: 978-1596141070

Santa Faustina Kowalska (1905-1938) Helena Kowalska, también conocida como Santa María Faustina Kowalska (Głogowiec, voivodato de Łódź, 25 de agosto de 1905-Łagiewniki, Cracovia, 5 de octubre de 1938), llamada Apóstol de la Divina Misericordia, fue una monja católica polaca. Escribió un diario con más de 600 páginas en el que recogió todos los mensajes que recibió de Jesús.

Santa Faustina nació en el seno de una familia campesina en la aldea de Glogowiec, en Swinice Varckie, voivodato de Łódź, Polonia; era la tercera entre ocho hermanos, que fueron formados con gran disciplina espiritual, sobre todo por su padre. Faustina apenas contó con un año y medio de estudios escolares. A los 9 años tomó la Primera Comunión en la iglesia de San Casimiro. Antes de entrar en el convento trabajó en 1919 como sirvienta en casa de unos amigos de la familia Bryszewski en Aleksandrów Lódzki, luego en 1922 viajó a Lodz y durante un año trabajó en la tienda de Marejanna Sadowska.

Al finalizar este trabajo marchó a Varsovia con la intención de entrar en el convento pero la superiora le encomendó reunir una pequeña dote para su ajuar, lo que la llevó entonces a trabajar como sirvienta o doméstica por un año, hasta 1925. A los 18 años pidió a sus padres el permiso para entrar en un convento; una petición que negarían sus padres. Después de esa negativa decidió entregarse a las vanidades de la vida sin hacer caso alguno a la voz de la gracia (Dios), aunque su alma en nada encontraba satisfacción. Las continuas llamadas de la gracia (Dios) resultaban para ella un gran tormento, sin embargo intento apagarlas con distracciones. Evitaba a Dios y con toda su alma se inclinaba hacia las criaturas. Pero la gracia divina termino por ganar su alma.

Ella misma cuenta que al ir a un baile con su hermana Josefina tuvo una experiencia que marcó su vida. Mientras todos se divertían ella sufría y sentía gran tristeza en el alma. Al estar bailando pudo ver a Jesús parado junto a ella, martirizado, despojado de sus vestiduras y cubierto de llagas dejándole este mensaje: “Hasta cuándo Me harás sufrir, hasta cuándo Me engañaras?” Este suceso la hizo salir de la fiesta para dirigirse a la catedral más cercana, siendo la de San Estanislao de Kostka; al llegar pidió al Señor que le dijera qué era lo que debía de hacer. Luego de oración profunda y de pedir perdón cuenta que escuchó estas palabras: “Ve inmediatamente a Varsovia; allí entrarás en un convento

La pobreza de Faustina Kowalska era extrema, hasta el punto de no poder acceder a ningún convento. Finalmente se dirigió a la Casa Madre de la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia donde por fin fue atendida, y tras un año de ahorro para poder contar con un ajuar, pudo entrar en agosto de 1925 (fiesta de Nuestra Señora de los Ángeles) como postulante. Semanas después de su entrada al convento tuvo tentaciones de abandonar, pero según sus memorias nuevamente el Señor se presentó en su celda pidiéndole que no lo hiciera.

En este convento trabajó en la cocina, y fue encargada de limpiar el cuarto de la Madre Barkiewez y de cuidarla durante su enfermedad. A principios de 1926, la enviaron al noviciado en Józefów en Cracovia para terminar su periodo de postulación, y el 30 de abril tomó el hábito religioso como novicia recibiendo el nombre de Sor María Faustina del Santísimo Sacramento. El 22 de febrero de 1931,

Sor Faustina dijo tener la primera revelación de la Divina Misericordia estando en su celda. La escena de dicha revelación y las palabras que escuchó de los labios de Jesús están plasmadas en su diario. Según cuenta, entre otras cosas Jesús pidió que pintase una imagen suya. Ante esta propuesta se requirió los servicios artísticos del pintor Eugenio Kazimiroski que realizó el retrato siguiendo las instrucciones de sor Faustina. Esta imagen fue presentada y venerada públicamente en Ostra Brama (Vilna, Lituania) entre el 26 y el 28 de abril de 1935 siendo la primera imagen pintada del Señor de la Misericordia. Pero la imagen que se hizo famosa en el mundo entero fue la realizada por el pincel de Adolf Hyla, ofrecida como agradecimiento por la salvación de su familia de la guerra. Santa Faustina escribió un diario en el que recogió los mensajes que recibió de Jesús.

De aquí surgió la devoción a la Divina Misericordia. Esta devoción considera que la principal prerrogativa de Jesús es la misericordia y que es la última tabla de salvación. Se accede a la misericordia por la confianza. Esta devoción está integrada por el mensaje de la Divina Misericordia, la Coronilla de la Divina Misericordia, la Imagen de la Divina Misericordia, la Fiesta de la Divina Misericordia y hora de la misericordia (las 3 pm.).

En los últimos años de su vida aumentaron los sufrimientos interiores de tipo espiritual, y las dolencias del cuerpo: se desarrolló la tuberculosis que atacó sus pulmones y sistema digestivo. A causa de ello se le internó dos veces en el hospital de Pradnik, por varios meses. Falleció el 5 de octubre de 1938, a los 33 años, de los cuales 13 fueron vividos en el convento. Su funeral tuvo lugar dos días más tarde, en la fiesta de Nuestra Señora del Rosario. Su cuerpo fue sepultado en el cementerio de la comunidad situado en el jardín de la casa de la congregación de las hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia en Łagiewniki, Cracovia. El 25 de noviembre de 1966 sus restos fueron trasladados a la capilla, más tarde consagrada como Santuario de la Divina Misericordia de Cracovia. Luego de su beatificación, sus reliquias se depositaron en el altar de la capilla.

La fiesta de la Divina Misericordia fue instituida oficialmente por san Juan Pablo II el 30 de abril del 2000, en el contexto de la canonización de santa Faustina Kowalska (1905-1938). Y el Santo Padre dijo, en esa ocasión, querer «transmitir su mensaje al nuevo milenio: a todos los hombres para que aprendan a co¬nocer siempre mejor el verdadero rostro de Dios y el verdadero rostro de los hermanos». El Papa se refería, evidentemente, a los mensajes que Jesús había comunicado a esta humilde hermana polaca y recogidos por ella misma en un Diario'.

Son dos principalmente las riquezas que se nos transmiten:

a) La necesidad de la misericordia

Casi en todas la páginas de este largo Diario se percibe el deseo vehemente de Jesús de que su Misericordia sea conocida y no se le ponga ningún límite. Así, el 4 de abril de 1937, sor Faustina recibe de él esta invitación: «Escribe, todo lo que existe está guardado en las entrañas de Mi misericordia más profundamente que un niño en el seno materno. ¡Con cuánto dolor me hiere la desconfianza hacia mi bondad! Los pecados de desconfianza son los que me hieren de manera más dolorosa» (p.255). Y en la vigilia de Navidad del mismo año: «Para que puedas conocer al menos un poco de mi dolor, piensa en la más tierna de las madres, que ama mucho a sus hijos, pero los hijos desprecian el amor de la madre. Imagina su dolor, nadie será capaz de consolarla. Esta es una imagen y una pálida semejanza de mi amor. Escribe, habla de mi Misericordia. Di a las almas dónde deben buscar las consolaciones: en el tribunal de la Misericordia, allí tienen lugar los más grandes milagros, que se repiten continua¬mente. Para obtener este milagro no hace falta hacer peregrinaciones a tierras lejanas ni celebrar solemnes ritos exteriores, sino que basta ponerse con fe a los pies de un representante mío y confesarle la propia miseria, y el milagro de la Divina Misericordia se manifestará en toda su plenitud. Incluso si un alma estuviese en descomposición como un cadáver y humanamente no hubiese ninguna posibilidad de resurrección y todo estuviese perdido, no sería así para Dios: un milagro de la Divina Misericordia resucitará a esta alma en toda su plenitud. ¡Infelices aquellos que no se aprovechan de este milagro de la Divina Misericordia! ¡Lo invocarán en vano, cuando sea demasiado tarde!» (p.326).

Como se ve, en la boca de Jesús resuenan palabras de infinita ternura, que acogen a todos y, sin embargo, mantienen el más firme anclaje en lo específico eclesial en la referencia al «tribunal de la confesión» y a la dolorosísima advertencia de no caer en el abismo del «demasiado tarde» que permanece, no obstante, como una seria posibilidad si nos decidimos por ella. El mensaje confiado a santa Faustina Kowalska abre de par en par —como nunca se había hecho antes— abismos de misericordia, que pueden acoger y contener todo, excepto la burla de Dios. Las discusiones que se hacen a veces, para conciliar la justicia de Dios con su misericordia, no deben hacemos olvidar lo que el papa Benedicto XVI explicaba, precisamente a los presos de la cárcel de Rebibbia, en diciembre de 2011, dialogando con ellos: «Justicia y misericordia, justicia y caridad son dos realidades diferentes únicamente para nosotros hombres, que distinguimos cuidadosamente un acto justo de un acto de amor. Justo para nosotros es “lo que es debido al otro”, mientras que mise¬ricordioso es lo que es donado por bondad. Y una cosa parece excluir la otra. Pero para Dios no es así: en él justicia y caridad coinciden; no hay una acción justa que no sea también un acto de misericordia y de perdón y, al mismo tiempo, no hay una acción misericordiosa que no sea perfectamente justa».

Y, por otra parte, ¿por qué razón esparce Dios en la historia sus invitaciones doloridas a acoger su misericordia, encarnándola casi visiblemente en las palabras y en los gestos de sus santos, sino por la urgencia decisiva de que pueda ser desatendida? La manera con la que los santos invocan esta misericordia, la anuncian y la encarnan, es tanto más vehemente cuanto más urgente es la necesidad de acogerla y arriesgada la posibilidad de despreciarla. La decisión del hombre de no querer permanecer en la mentira es la única condición necesaria para ser abrazados por Dios.

b) Reflejos de misericordia

No todos los Santos han dejado reflexiones e indagaciones con respecto a la divina misericordia, pero siempre nos han mostrado cómo encamarla, obedeciendo al Evangelio, que nos pide «ser perfectos como nuestro Padre del cielo» (Mt 5,48). De santa Faustina, en cambio, mejor que recoger ejemplos, elijamos aprender e imitar el modo en que rápidamente comenzó a orar, implorando de Jesús la gracia de poder volverse, ella misma, «toda misericordia»: Oh Señor, deseo transformarme toda en tu Misericordia y ser el reflejo vivo de ti. Ayúdame, oh Señor, a hacer que mis ojos sean misericordiosos para que no alimente nunca sospechas y no juzgue sobre la base de apariencias externas, sino que sepa vislumbrar lo que de bello hay en el alma de mi prójimo y le sea de ayuda. Ayúdame, oh Señor, a hacer que mi oído sea misericordioso para que me incline sobre las necesidades de mi prójimo, que mis oídos no sean indiferentes a los dolores y a los gemidos de mi prójimo. Ayúdame, oh Señor, a hacer que mi lengua sea misericordiosa y nunca hable negativamente de mi prójimo, sino que tenga para cada uno una palabra de consuelo y de perdón. Ayúdame, oh Señor, a hacer que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas acciones, de modo que yo sepa hacer únicamente el bien al prójimo y tome sobre mí los trabajos más pesados y penosos. Ayúdame, oh Señor, a hacer que mis pies sean misericordiosos para que corra siempre en ayuda del prójimo, venciendo mi indolencia y mi cansancio. Que mi verdadero descanso esté en la disponibilidad hacia el prójimo. Ayúdame, oh Señor, a hacer que mi corazón sea misericordioso, de modo que participe en todos los sufrimientos del prójimo. Me comportaré sinceramente también con aquellos que sé que abusarán de mi bondad, mientras yo me refugiaré en el Misericordiosísimo Corazón de Jesús. No hablaré de mis sufrimientos. Habite en mí tu Misericordia, oh mi Señor [...] (p-54) Y Jesús la observaba complacido y aprobaba con insistencia: «Hija mía, deseo que tu corazón sea modelado según mi Corazón misericordioso. Debes empaparte totalmente de mi Misericordia» (p.55).






15/01/2016 09:00:00