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que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
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San Justino, el filósofo profeta

Semillas de la verdad


Durante la primera mitad del siglo II el cristianismo se expande por la zona oriental del imperio romano y las comunidades judeocristianas deben responder al reto de adaptarse a la cultura helenística. El médico Galeno, el filósofo Celso, o el emperador Marco Aurelio, quedaban atónitos ante la confianza con la que el cristiano afirmaba la verdad de cosas que ellos consideraban absolutamente injustificadas y rechazaban una fe que significara una apelación incondicional de la razón a una Revelación incomprensible. San Justino no sólo demostrará que lo mejor de la cultura griega permanece en la fe cristiana, sino que la filosofía debía tener la meta religiosa de buscar a Dios a través de la verdad. San Justino nació en Neápolis al principio del siglo II y sucesivamente estudió la filosofía estoica, peripatética, pitagórica y platónica, hasta conocer la existencia de los profetas, unos filósofos que eran “amigos de Dios” y, desde entonces, quedó deslumbrado por la religión que a ellos se les había revelado.

A partir de su conversión, San Justino se vuelve simplemente un cristiano que da testimonio de su fe tan racionalmente como puede y, actuando como filósofo ambulante, se esfuerza por responder a las objeciones de los que quieran informarse de la fe cristiana hasta morir mártir en el año 169. San Justino organizó en Roma lo que probablemente fuera la primera escuela cristiana. De sus escritos nos han llegado dos Apologías y un diálogo con Trifón .

La Apología Primera es un alegato en favor de los cristianos dirigida al emperador Antonio Pío y a su adoptado Marco Aurelio. El momento central de esta apología lo encontramos en la afirmación de que a los cristianos se les condena por su nombre y no por ningún crimen que hayan cometido.

La Apología segunda es como un apéndice de la primera y una protesta por la condena a muerte de tres cristianos. San Justino piensa que todo lo que hay de bueno en el pensamiento griego pertenece a los cristianos, ya que siendo la doctrina de Moisés más antigua que la de los griegos, todas las ideas verdaderas de los griegos tienen su origen en la Revelación bíblica.

Todas las doctrinas platónicas sobre la trascendencia divina, la creación del mundo, la participación en la vida divina y la espiritualidad del alma podrían ser cristianizadas sin dificultad. Escribe textualmente: “Algunos, sin razón, para rechazar nuestra enseñanza, pudieron objetarnos que diciendo nosotros que Cristo nació hace sólo 150 años bajo Cirino, y enseñó su doctrina más tarde en tiempo de Poncio Pilato, ninguna responsabilidad tienen los hombres que le precedieron. Adelantémonos a resolver esta dificultad. Nosotros hemos recibido la enseñanza de que Cristo es el primogénito de Dios y, anteriormente, hemos indicado que Él es el Verbo de que todo género humano ha participado. Y así, quienes vivieron conforme al Verbo son cristianos, aún cuando fueran tenidos por ateos; como sucedió entre los griegos, con Sócrates, Heráclito y otros semejantes; y entre los bárbaros como Abraham, Ananás, Azarías y Michael; y otros muchos cuyos hechos y nombres, que sería largo enumerar, omitimos por ahora. De suerte que, también los que anteriormente vivieron sin razón, se hicieron inútiles y enemigos de Cristo y asesinos de quienes viven sin razón, más los que conforme a éste han vivido y siguen viviendo son cristianos” .

San Justino se había limitado en las apologías a exonerar la culpa de los cristianos de los delitos que se les impugnaban; acusaba al paganismo de inmoralidad y de corrupción; probaba la divinidad de Cristo y demostraba la superioridad de la doctrina cristiana sobre la pagana. San Justino fue un filósofo que intuyó la verdad absoluta en el Logos, en Jesús, el Logos encarnado, el Filósofo que también fue asesinado por revelar la verdad del Padre.

Entre los aspectos más relevantes de la enseñanza de San Justino cabe destacar en primer lugar, su afirmación del cristianismo como religión profética. Los profetas y no los sabios son los que realmente son movidos por el Logos divino, de modo que la verdad cristiana no se avala por un proceso de demostración racional sino por el hecho de que suceda históricamente aquello que fue anunciado.

En segundo lugar, San Justino defiende un cierto conocimiento natural de Dios que implica una concepción fundamentalmente griega de la divinidad corregida con motivos cristianos. Por un lado San Justino, siguiendo la enseñanza platónica, afirma que Dios no puede ser nombrado porque está más allá de toda esencia definible; pero por otro lado, afirma que para referirnos a Dios, los humanos disponemos de una noción innata del ser divino que forma parte de las semillas de verdad sembradas en la inteligencia humana. Dios es una realidad inenarrable que el cristiano conoce por medio de las narraciones bíblicas y aunque sea posible un cierto conocimiento natural de Dios, la inteligencia humana no podrá conocer a Dios sin estar revestida del espíritu divino.

En tercer lugar, San Justino propone una concepción del Logos que responde a la vez a su objetivo apologético de tender un puente hacia los no cristianos y a su objetivo teológico de explicar la relación entre el Padre y Jesús de Nazaret. El Logos divino se ha hecho hombre en Jesucristo en quien se vuelve visible el pensamiento inaccesible de Dios. San Justino amplió el significado del logos seminal de los estoicos para sugerir una especial presencia de Dios trascendente en el mundo. La semilla que procede de Dios y habita en los hombres le permitió creer que los filósofos antiguos y honestos, como Heráclito y Sócrates, tienen parte en el mismo Logos divino que los cristianos hasta el punto de que fueron cristianos sin saberlo.






02/02/2017 09:00:00