Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Ser, alma y cuerpo


La unidad de toda persona se manifiesta pues en niveles de unidad muy distintos. A nivel vital, el hombre está unido a la vida fundamentalmente a través de su cuerpo y sus capacidades físicas. El nivel psíquico está definido por su “interioridad”, es decir, por la zona de la emotividad que es irreducible a lo puramente físico.

El máximo nivel de unidad se da en el nivel espiritual, ya que en él encontramos operaciones como la autoconciencia, el conocimiento abstracto, la reflexión o la capacidad de ponernos fines a nosotros mismos. En este nivel se da la previsión de futuro o el acto libre, operaciones que de ningún modo quedan circunscritas al ámbito del espacio-tiempo material.

En el nivel metafísico se manifiesta la máxima unidad de la persona humana. Que toda persona “subsista” significa que tiene un grado excelente de existencia. La persona es por sí misma. La filosofía cristiana supo detectar en el ser el llamado “constitutivo formal de la persona”, y poner en él el verdadero santuario de toda persona. Este es el sentido de la expresión “Forma dat esse” que fue un adagio escolástico que se puede traducir como “la forma da el ser” o, si se prefiere, el ser, la existencia llega al cuerpo a través de la forma humana.

Así pues, habría tres elementos (ser, alma y cuerpo) y no dos (alma y cuerpo) en toda persona humana. En todo hombre, el ser llega al cuerpo a través del alma, y por este orden. Es cierto que esta subsistencia existencial se manifiesta por algunos rasgos, como son la incomunicabilidad o la individualidad que, a menudo, parecen sugerir individualismo. Esta ha sido tradicionalmente una de las críticas al proceso por el que iba poniéndose en la existencia el fundamento de la dignidad humana, en detrimento, al menos en apariencia, de otras características tan nobles como las facultades de pensar o querer.

Efectivamente, parece que si es la existencia individual la que es formalmente la definición de persona, pueda sugerirse una especie de carácter excesivamente individual, incomunicable o aislado de la persona humana. Pero las cosas no son lo que parecen. La incomunicabilidad de la persona humana únicamente sugiere independencia y autonomía en el ser, pero no implica la negación de los procesos de personalización y de amor en los cuales la persona se da y se ofrece a los demás.

Igualmente ocurre con la racionabilidad, que siendo la característica personal por la que la intelectualidad se abre al ser, a la verdad o al bien, no tienen por qué incluir ninguna concesión al racionalismo. Las manifestaciones del ser personal son diversas y de gran fecundidad, y en todas ellas se manifiesta la unidad del ser personal.

El modo como la existencia “atraviesa” todos los niveles constitutivos de la persona humana no sólo no aísla a la persona sino que le confiere una estabilidad existencial y una unidad permanente. Por la autoconciencia, la persona no sólo conoce cosas sino que conoce que las conoce. Esta función reflexiva de la conciencia por la que somos capaces de “volver sobre” nuestros propios actos de conocimiento y de amor, san Agustín la llamó “memoria de sí mismo” en la que se fundamenta una de las características personales de mayor profundidad espiritual.

Por otro lado, en la libertad por la que cada persona humana rige su propio destino, la tradición filosófica descubría un aspecto crucial de su dignidad. Efectivamente, la persona no es una realidad ya terminada y cerrada sino que es un “quién” que va configurándose a sí mismo a través del tiempo mediante el uso de su libertad.

Paradójicamente el inacabamiento ontológico de la persona humana se volvía la raíz metafísica de la posibilidad de su perfeccionamiento. Es a través de las decisiones de nuestra libertad que nuestra persona puede irse “terminando”.

Una vez más, la metafísica existencial de la persona era el fundamento de la capacidad de poder perfeccionarse. (...)






18/06/2015 09:00:00