Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Tener todo resuelto

El tiempo es superior al espacio


"Darle prioridad al espacio lleva a enloquecerse para tener todo resuelto en el presente, para intentar tomar posesión de todos los espacios de poder y autoafirmación. Es cristalizar los procesos y pretender detenerlos. Darle prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que de poseer espacios. El tiempo rige los espacios, los ilumina y los transforma en eslabones de una cadena en constante crecimiento, sin caminos de retorno. Se trata de privilegiar las acciones que generan dinamismos nuevos en la sociedad e involucran a otras personas y grupos que las desarrollarán, hasta que fructifiquen en importantes acontecimientos históricos. Nada de ansiedad, pero sí convicciones claras y tenacidad." (Evangelii Gaudium n.223)

¿Cómo podemos evitar el tener "todo resuelto en el presente"?.

Nuestra cultura nos ha educado a "controlar" todos los eventos interiores y exteriores. De hecho ha abusado de una excesiva fe en las capacidades humanas y, a menudo, ha olvidado la existencia del pecado y de la propia limitación. Esto nos impide confiar verdaderamente en Dios y en su providencia. No se trata de no luchar por aquellas cosas que queremos pero sí de abandonarse realmente en la confianza en Dios, que es Padre Providente.

¿Que quiere decir que el tiempo es más importante que el espacio?

Pues que el ideal de perfección que nos propone Jesús no es el seguimiento de ninguna ley que pueda cumplirse totalmente con nuestras fuerzas. Este engaño provoca ansiedades inútiles. Él más bien nos anima a "ser perfectos como el Padre celestial es perfecto". La santidad cristiana no está hecha de imitación sino de configuración a Cristo Jesús presente en nuestro corazón. Que el tiempo sea más importante que el espacio significa apostar por el progreso personal, paso a paso, sin esperar una perfección total e inmediata. Es mejor la paciencia y la tenacidad acompañada de la humildad y el deseo de progresar que la prisa, la ansiedad o la angustia.

¿Pero, entonces, no hay que tomarse las cosas demasiado en serio?

Nada de eso. La confianza en Dios no significa, de ninguna manera, dejar de esforzarse pero trastoca el orden en que habitualmente procedemos. Dios no es el premio de nuestro esfuerzo o de nuestra energía sino al contrario: Él es la causa de nuestro esfuerzo. No es que el amor que nosotros le tenemos sea la causa de nuestra buena acción, sino al revés: el amor que Dios nos tiene es la causa de nuestro deseo de perfección. De esta manera, la iniciativa divina toma el lugar que a menudo ocupa nuestro orgullo. Dios es siempre el Primero.






23/12/2014 09:00:00