Hola, me llamo Joan Martínez y te doy la bienvenida a este espacio virtual
que espero no te defraude.

Soy sacerdote católico, 
me dedico a la filosofía y, a ratos, hago de poeta.
Pero ya desde ahora me gustaría ser tu amigo.

Vivir según Dios

La santidad cristiana consiste más en la conversión del espíritu que en el control de los sentidos.


En el inicio del pecado primero hay un gran orgullo, un deseo profundo de “ser como Dios”. Pero curiosamente este deseo producía un hondo pesar a Dios porque Él, Dios-amor no pretendía más que otorgarnos acceso a su intimidad divina y hacernos participar de su propia naturaleza.

De hecho, con todo rigor, hablamos de un proceso de “deificación” de nuestras vidas causadas por la acción del Espíritu Santo. Paradójicamente, aquel deseo que venía del orgullo Dios nos lo quería dar como regalo.

El Espíritu Santo obra en nuestra alma un fecundo dinamismo por el que nuestro entendimiento, memoria y voluntad, que nos fueron dadas en el bautismo, generen en nosotros una auténtica deificación de nuestras vidas.

La ascética del sentido consiste fundamentalmente en que la sensibilidad obedezca a la razón y la libertad. En este sentido el dominio del alma sobre el cuerpo es condición necesaria de la santificación pero no es condición suficiente, ya que lo estrictamente cristiano no es la sujeción del alma al cuerpo sino de todo el hombre -alma y cuerpo- al Espíritu.

De este modo, la ascética del espíritu se revela como el punto de mayor importancia en el plano de la santidad ya que procura la docilidad de nuestro espíritu respecto del Espíritu Santo. Esta edificación de nuestro ser está producida por la gracia divina.

La necesaria colaboración de nuestra voluntad consistirá, básicamente, en eliminar los obstáculos conscientes y voluntarios que se oponen a la acción de Dios. La ascesis del espíritu nos lleva a desasirnos de nuestros pensamientos, recuerdos y deseos como si no los tuviéramos. Dios produce en nosotros esta deificación fundamentalmente por las virtudes teologales de la fe, esperanza y caridad.

Pocos quieren llegar a esta libertad y habría que añadir que, a menudo, se conforman con llegar a aquello que consideran como lo más “razonable”, volviendo así hacia atrás, retrocediendo hasta la edad de adolescencia espiritual en la que es la propia razón y libertad y no el Espíritu Santo el motor de su vida interior.

En este sentido, es mucho más importante la ascética del espíritu que la del sentido pero también es mucho más difícil, ya que es una tendencia natural que el propio espíritu se quede asido a lo que le pertenece por naturaleza. Deberíamos intentar un análisis más minucioso de la acción del Espíritu Santo en nuestro entendimiento, memoria y voluntad a través de las virtudes teologales que nos fueron otorgadas por nuestro bautismo.






24/07/2014 09:00:00